Cuando hablan de capitalismo son un chiste

Karl Marx publicó El Capital en 1867 y desde entonces hasta la fecha las discusiones sobre el capitalismo, incluso la que planteó el presidente, se basan en el inevitable colapso por la desigualdad y la necesidad de "revisarlo" para hacerlo más noble. Pero al final del día, las críticas sirven más para un stand up que para tomarlas en serio.

 

 

 

El presidente Alberto Fernández trajo el tema a la agenda pública a principio de julio en el encuentro anual con la Asociación Cristiana de Dirigentes Empresarios. Llamó a aprovechar la pandemia del COVID-19 para "hacer un capitalismo que integre a la sociedad, que distribuya mejor el ingreso entre los que invierten y los que trabajan. No hay una opción al capitalismo, pero fue degradándose y llegó la hora de ponerlo en su verdadera dimensión. Tenemos que ir hacia un capitalismo más noble".

 

Esta noción fue ratificada este fin de semana en una extensa entrevista otorgada al diario de izquierda Página 12. "Es hora de repensar un modo de producción menos contaminante", dijo, en referencia al cuidado del medio ambiente, y agregó: "es hora que nos demos cuenta de que hemos generado un sistema de concentración de la riqueza que ha condenado a muchos pueblos del mundo a vivir en la miseria".

 

Lo postulado por el mandatario es que, sin sugerir la abolición del sistema, es necesario una reconversión. Según sus dichos, por un lado existe un capitalismo productivo y de distribución de riqueza con intervencionismo estatal, que es el que pretende. Por el otro, hay un capitalismo de carácter financiero, que es el dañino. El ex secretario de comercio Guillermo Moreno, a pesar de haber criticado al presidente, no dijo algo muy diferente en este sentido: "podemos discutirle lo que quieras, pero hasta ahora no ha aparecido un sistema más eficiente que el capitalismo". Pero luego remató que el modelo "es un asco en la distribución, y ahí nos metemos los peronistas".

 

No es extraño que los críticos del capitalismo le reconozcan una cierta virtud productiva. El primero que lo hizo fue el propio Karl Marx en el Manifiesto Comunista: "La burguesía ha creado las fuerzas productivas más variadas y colosales que todas las generaciones pasadas tomadas en conjunto". Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de capitalismo? ¿Qué es el "capital", ese término que en las estrofas entonadas de la marcha peronista se busca combatir?

 

Marx y el punto de quiebre

 

Apuesto todo mi capital a que si se le pregunta a alguien que carece siquiera de mínimos conocimientos económicos cuáles son los dos economistas más importantes de la historia reciente, el nombre de Karl Marx será el primero en escucharse. No es casualidad. Su tesis sobre el capital arrojó la denominación de "capitalismo" al sistema económico que solidificó sus bases a finales del siglo XVIII. Pero más que denominarlo, su fin fue demonizarlo. Y vaya que lo logró. No es que antes de 1867 no se haya hablado de capitalismo, de hecho el panfleto que postulaba su predicción paradisíaca del comunismo fue escrita junto Frederich Engels en 1848. Pero el contexto histórico académico es mucho más zigzagueante y heterogéneo de lo que se cree. Caemos en un error al suponer que antes de Marx no se haya discutido sobre capitalismo, simplemente se hizo pero usando otras clasificaciones, ya que la fórmula del capital y todas sus derivaciones están presentes desde siempre.

 

La definición clásica del modelo, garantizar la propiedad privada sobre los medios de producción, quedó oxidada. Ya que los delirantes que proponen eliminar la propiedad se han reducido de manera empinada desde el desmoronamiento de la Unión Soviética y su fracaso económico. Hoy, quien busca prestigio habla de "moldear" al capitalismo. O hasta pretenden salvarlo, como la postura conocida de John Maynard Keynes.

 

Una forma práctica para definir las economías de los países puede aplicarse en la intensidad en bienes de capital. ¿Por qué en Suiza no hay pobreza y en Etiopía sí? Porque en Suiza un trabajador produce con un tractor de 500 caballos de fuerza, multiplica su fuerza humana por diez mil y al final del día consigue una producción de trigo 200 veces mayor que hace 200 años y con la mitad del tiempo trabajado. En los campos de Etiopía el trabajador se desempeña de una forma no capitalista, osea no capitalizada, trabaja montando un buey flaco, con arado o con las manos en la tierra, por lo tanto produce 100 veces menos que el suizo. El transporte de mercadería en un país no capitalizado se hace con bueyes, en uno capitalizado se hace con ferrocarriles. Los países europeos a partir de la revolución industrial empezaron a ahorrar, capitalizarse, y así a trabajar con máquinas. Aquellos países que llegaron a un nivel altísimo de intensidad en bienes de capital lograron los estándares de riqueza más altos para el trabajador y así terminaron con la pobreza. Un país pobre no es ni un país colonizado ni explotado, es un país no capitalizado, es decir no capitalista.

 

Para el desarrollo de las inversiones en maquinaria es que apareció el necesario conjunto de ideales a contraponerse con quienes no habían percibido las virtudes del joven capitalismo. Entre ellos fue Marx, que sin negar los beneficios de la capitalización, disparó contra el modelo desde todos los frentes. Señaló a los derechos de propiedad como resultado de un proceso histórico abusivo y al capital como elemento de explotación humana. Su predicción fue el colapso del sistema a través de métodos violentos y revolucionarios, y así abrirle paso a una sociedad socialista, que en la fase superior -prometió Marx en su Crítica al programa de Gotha- "correrán llenos los manantiales de la riqueza colectiva". El autor alemán fue el punto de quiebre para darle sustento ideológico a la fantasía socialista y impregnarle al capitalismo la noción diabólica de opresión empresarial. Pero como vemos el marxismo como doctrina revolucionaria fue más allá, no sólo auguró la igualdad a secas, sino la igualdad en la riqueza infinita.

 

El capital, entendido correctamente

 

La explicación la dio Ludwig Von Mises en La Acción Humana. El capital es un concepto que abarca cualquier medio de producción diferente a la tierra o el trabajo; por lo tanto, incluye tanto las máquinas como los productos intermedios. Esa diferenciación se deriva de las decisiones de los individuos sobre el ahorro y el consumo. En otras palabras, el capital se origina cuando los individuos deciden renunciar al consumo (es decir, a la satisfacción de deseos inmediatos) en favor del ahorro. Cuando las personas deciden ahorrar, actúan de acuerdo con su disposición a esperar un tiempo más largo para disfrutar del consumo.

 

Concretamente, ¿cómo se crea el capital a través del ahorro? Un ejemplo podría aclarar algunas dudas. Consideremos una tribu de hombres que deciden establecerse en una determinada isla: al ser cazadores-recolectores, los únicos factores de producción disponibles son sus propias manos y los recursos naturales que les rodean (la tierra). Supongamos que estos cazadores-recolectores no han fabricado aún ningún instrumento de caza, realizando sus cacerías sólo con piedras, palos y elementos naturales bastante rudimentarios.

 

En otras palabras, estos cazadores-recolectores han consumido toda su producción diaria durante toda su vida, por lo tanto, sin mejorar la productividad diaria ni ser capaces de conseguir presas cualitativamente más sofisticadas.

 

Sin embargo, asumamos que un día un miembro de la tribu averigua cómo fabricar lanzas ensamblando palos, tendones de animales y rocas afiladas. Las lanzas serían una especie de herramienta capital, que permitiría a los miembros de la tribu tanto matar más animales por día (aumentando así la productividad diaria) cómo cazar animales más grandes, cuyo tamaño los haría de otro modo inaccesibles.

 

Más allá de que este sea un simple ejemplo, es efectivamente lo que ocurrió dentro de una fase evolutiva concreta del cerebro humano: la creación de bienes de capital para incrementar la producción con menos esfuerzo y en menor tiempo. Quizás esto último sea lo más relevante, y así lo planteaba Mises cuando escribió en su célebre obra que "la diferencia entre la producción sin la ayuda de bienes de capital y la asistida por el empleo de bienes de capital consiste en el tiempo".

 

Pero lo esencial del concepto de capital se basa en su práctica predecesora; el ahorro. No hay otra forma de que nazca el capital que no sea de la producción perdida en el plazo de tiempo que se resignó consumo. Es el capital el que le permite escapar a una tribu ayer o a una sociedad moderna hoy, de la miseria económica.

 

¿Una mala distribución?

 

De por si la respuesta es un rotundo no. Y no, ni el coronavirus ni ningún invento moderno vino a destruir al capitalismo. El único que puede lograrlo (en realidad que quiere lograrlo), es el estado, y ni siquiera le conviene, pero el nivel de hipocresía de sus funcionarios (sumado a su alto nivel de vida) necesitan del capitalismo contra el que despotrican en las redes sociales creadas por los países a los que tanto desprecian.

 

"En Estados Unidos aumentaron a 14 millones los desempleados por el coronavirus" repitieron el presidente y su hijo bobo, el gobernador de la provincia, en una de sus últimas conferencias. Lo que no se animaron a decir es que en tan solo un mes, el maldito capitalismo le dio trabajo a 2,5 millones de norteamericanos, algo que acá es casi imposible, y por responsabilidad pura y exclusivamente del estado y sus aliados (los medios de miedo-información) y los sindicatos.

 

El lobby que ejercen estos grupos de presión para que el estado tenga un control cada vez más fuerte sobre cada uno de los aspectos de la economía (entendida en un sentido más puro como la organización de la casa, extendido a la sociedad) es algo nunca visto. Están convencidos que la vida en general debe ser regulada por este semi dios al que consideran como omnipotente y todopoderoso, sin siquiera percatarse de que el mismo existe pura y exclusivamente porque hay privados a los que explotar: ese es el origen del estado presente, del subsidio, de "el estado es estar". Lo que tampoco les conviene decir a los odiadores del país del norte (pero amantes de Apple) es que esos 14 millones representan un 0,36% del total de la población de Estados Unidos, y que, si bien en abril el porcentaje total de desocupados llegó a casi el 15%, tan sólo 2 meses después bajó casi 5 puntos. Si, si, en 2 meses lograron disminuir la cantidad de desempleados en 5 puntos. ¿Qué hizo el socialismo peronista infectologizado en estos meses en los que dicen que nos están salvando la vida? Bueno: logró que la tasa de desempleo llegue al mismo porcentaje que en 2012. El porcentaje de desocupados en nuestro país (marzo 2020) llega a los 10 puntos y va a seguir en aumento, porque el INDEC aún no ha publicado a los muertos eternos que va a dejar el estado cuidándonos.

 

"Si, pero aumentan el empleo público y la asistencia a través de los planes: el estado cuida a todos". ¡Y lo dicen creyendolo! En la última conferencia del trío atómico, un videito emotivo contó que, felizmente, el IFE alcanza a 9 millones de argentinos: es decir, 9 millones de personas a las cuales les cortaron las alas, la capacidad de proyectarse y de salir adelante por sus propios medios. Somos tan inútiles que necesitamos a papá Alberto y sus diez mil pesitos mensuales. Y ni se te ocurra salir de tu casa.

 

No, el capitalismo no distribuye mal: una economía regulada e intervenida hasta el extremo como sucede en Argentina, es lo que genera una mala distribución. Como citamos ut supra, el país más capitalista logró en 2 meses recuperar el 5% de su capacidad productiva. ¿Cómo? Sin meterse, sin decirle a la gente cómo pensar, cómo trabajar y dejando que vivan su vida productiva como mejor consideren.

 

No: un estado interventor no distribuye riquezas, no aparece el peronismo ahí querido Moreno: ahí aparece la usura política, la imposibilidad de producir que te lleva a querer meter la mano en la lata ajena, y dársela a quien el estado mismo ha transformado en su siervo parasitario.

 

Están apretando con uñas y dientes al corazón y a los pulmones de un país que viene quebrado: están pisando los talones del campo, han destruido al sector gastronómico y hotelero, han postrado por 30 años a las nuevas generaciones que pensaron que podrían ascender si se esforzaban. Pero en este momento lo único que te da seguridad, es trabajar en Rappi o ser "empleade del área de género del ministerie de género de la unidad de violencia patriarcal". No vas a querer estudiar, ni abrir tu microemprendimiento, ni invertir tus pocos ahorros cuando por una gripecita te frenan toda tu vida.

 

No, no es el capitalismo el que distribuye mal: la justicia distributiva que éste ejerce es casi aristotélica: a cada quien según disponga el mercado. Y el estado no opina, no se mete, no redistribuye. Resulta gracioso que sea la entidad del déficit constante la que hable de mala distribución y de especulación, cuando vienen "distribuyendo" papelitos de colores robados al pequeño corazón productivo que queda, para dárselos a todos aquellos que no osen pronunciarse en su contra. ¿Ustedes hablan de mala distribución? Son un chiste.

 

 

*Coescrita por Eliseo Bottini Antunez, quien es Periodista de la Universidad de Palermo; y Carla Nicole Alegre Magliocco, Licenciada en Ciencias Políticas de la UCA. 

 

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