Liberate, Argentina

Mientras Estados Unidos exige el fin a las órdenes de arresto domiciliario dictadas por funcionarios del gobierno por un virus escasamente letal, en Argentina la protesta gira en torno a una hipotética flexibilización de la cuarentena.

 

 

Hace algunos días el presidente Donald Trump volvió tendencia su pedido a distintos distritos de norteamérica de levantar los confinamientos obligatorios. "LIBERATE VIRGINIA, y guarda tu gran segunda enmienda. ¡Está bajo asedio!", escribió el mandatario en twitter, de la misma manera que lo hizo con Minnesota y Michigan, y públicamente con otros estados como Nueva York, California, Kentucky, etc.

 

Al unísono, miles de protestas en contra del confinamiento se han multiplicado por todo EEUU. En ambas costas, de norte a sur, decenas de miles de manifestantes en sus coches rodearon capitolios estatales, hicieron escraches frente a las casas de algunos políticos y hasta posaron con armas y rifles frente a distintas gobernaciones.

 

Estos últimos eran los defensores armados de la Segunda Enmienda, que demostraron una vez más que las armas en manos del pueblo no conducen a la violencia, sino que actúan como un baluarte contra el Estado. A pesar de que los medios de comunicación le restan importancia a estas reacciones, o intentan mostrarlas negativamente, el número de eventos y de manifestantes crece exponencialmente a medida que más gente toma consciencia de su situación y se da cuenta de que ahora están mucho peor. Y el virus no es la causa. La causa es un Estado de mano dura que busca ser cada vez más autoritario.

 

Más al sur del continente, el presente es distinto. Los argentinos están completamente desorientados. ¿Hacia dónde ir? El presidente anunció la extensión de la cuarentena, allí no hubo sorpresa. La novedad fue que ahora cualquier ciudadano podrá pasear una hora diaria sin alejarse de casa más de 500 metros. Y la nueva duda es ¿qué dirección debemos tomar, presidente? Si no nos lo dice, estamos perdidos.

 

Los aduladores de siempre volvieron a llamar la atención pero esta vez con críticas severas. ¿Cómo van a permitir a la irresponsable población que pueda salir a pasear 500 metros alrededor de su casa? Sumado a la preocupación lógica que les surge, se superponen preguntas: ¿Quién va a controlar estrictamente esto y cómo? ¿Cuáles serán las penas por violar los 500 metros o los 60 minutos fuera del hogar? Los ciudadanos son irresponsables, viven conspirando contra los gobiernos populares, como por ejemplo cuando apuestan a monedas extranjeras. Sus vidas deben ser dirigidas por las autoridades estatales ¡es la única opción! No hay manera de salvarnos que no sea a través de un gobierno fuerte y con liderazgo total. ¡El presidente debe actuar ya mismo contra el exceso de libertad que le está otorgando al pueblo!

 

Parece una locura, pero esta es la realidad argentina. Un gobierno que justifica el abuso de poder en nombre de la salud de su gente, y nadie pregunta cuántos argentinos han muerto el mes pasado porque no pudieron recibir la atención médica que necesitaban. Por ejemplo, el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) alertó que por la cuarentena podría haber un incremento de entre 6 y 9 mil muertes evitables por enfermedad cardiaca entre abril y octubre de este año. “Creemos imperiosa la necesidad de informar a la sociedad y a las autoridades sanitarias que existirá un incremento marcado de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares debido al mal control de los factores de riesgo y a la demora de los procedimientos terapéuticos", arroja el informe.

 

Los tratamientos para el cáncer han sido pospuestos indefinidamente. Las cirugías que salvan vidas se suspendieron para hacer lugar a los casos de coronavirus. Mientras tanto, los hospitales están despidiendo a miles de personas porque los casos de coronavirus esperados no han llegado todavía y los hospitales están parcialmente vacíos. ¿Es justa la preocupación sólo por las muertes a causa de COVID-19 y no por las muertes provocadas porque el sistema sanitario pospone tratamientos?

 

Los avasallamientos a las libertades no son antojos ideológicos. Las consecuencias de una sociedad adiestrada y no al pánico, si no a un Estado totalitario y popular también causan muerte. A esta altura, las cuarentenas ya no sirven de nada contra el virus y de hecho en Europa, donde más daño hizo la pandemia, ya la están levantando. Las consecuencias económicas ya están a la vista, evidenciadas en la brecha cambiaria cerca del 90% entre el dólar restringido y el blue, el default de la deuda, la recesión salvaje y la explosión inflacionaria.

 

El presidente detecta acertadamente la coyuntura y ésta lo invita a seguir incrementando sus roles discrecionales y anticonstitucionales: si a la población no le interesa el aumento de pobreza ni las muertes por la no atención, ¿por qué le va a interesar el arrollamiento de sus libertades civiles? No es la falta de un político que tuitee "Liberate Argentina", es la característica de una sociedad dependiente la que nos conduce al autoritarismo del presente.

 

 

 

*Eliseo Bottini Antunez es periodista de la Universidad de Palermo. 

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