Estatismo ante la pandemia: Un remedio peor que la enfermedad

Ante las crisis hay una respuesta espontánea, casi instintiva en las avanzadas sociedades modernas actuales que pareciera nacer desde el inconsciente más ingenuo: necesitamos un liderazgo fuerte y un control estricto del gobierno ante la vida de los ciudadanos, ya que vigilados, cumplen mejor con su deber. En estos días en que la pandemia del coronavirus está azotando al mundo nos encontramos con los estatistas de siempre pero ahora potenciados por el pánico. Una combinación perfecta.

 

 

Se nos dice que necesitamos cuarentenas obligatorias y controles de precios severos en donde no le tiemble el pulso a las autoridades para encarcelar a aquellos comerciantes pillos. Necesitamos el parate de las actividades, el cierre de los comercios de bienes secundarios y dirigir la producción hacia las cosas esenciales. Los hospitales deben cancelar todos sus planes de tratamiento para asegurarse de que estarán preparados frente a las oleadas de contagiados que se avecina. El Estado debe nacionalizar las clínicas privadas para disponer de más camas, debe congelar el precio del alcohol en gel, del papel higiénico y de los barbijos, y además, intimar a las empresas a dejar toda actividad, inversión o gasto superfluo, para dedicarse exclusivamente a producir más y más de estos bienes para abastecer una demanda salvaje de la población. Urgente es necesario que el presidente impida la suba de precios en la atención médica. ¡No se puede permitir jugar con la vida de la gente! ¡El gobierno es nuestra única esperanza, tiene que asegurarse de que todos hagan lo que deben para garantizar que todos salgamos con vida! ¡Y merece el apoyo y devoción de todos los ciudadanos, sin objeción alguna, para salir a delante de este apocalipsis viral!

 

Pero ¿y si la realidad es distinta? ¿y si te dijera que en un momento así lo que es de vital importancia es permitir a los precios su fluidez natural del libre mercado para ajustar la oferta y la demanda en los niveles de equilibrios, como sucede con el resto de los bienes que intercambiamos todos los días de nuestra vida?

 

La escasez de alcohol en gel en las farmacias no serían tan frecuentes si se permitiera que los precios subieran en contradicción con las leyes gubernamentales y las amenazas del presidente.  Ese resultado conduciría a un racionamiento natural por parte de los consumidores e incentivaría el aumento de la producción de bienes de gran demanda.

 

La suba de los precios informa a los productores de los cambios en la demanda relativa. Que el precio del alcohol en gel no suba tanto como el precio del tomate es una información clave que no se puede transmitir sólo a través de estanterías vacías o cadenas nacionales. El aumento de los precios induce a los fabricantes de alcohol en gel a ampliar la producción mucho más que los productores de tomate, y también alentaría a los nuevos participantes a establecer las prioridades correspondientes.

 

Permitir que los precios funcionen en la atención médica es fundamental. En lugar del burdo plan de cancelar la atención no urgente mientras se preparan para lo peor, es mejor permitir que los recursos se dirijan a donde más se necesitan a través del mecanismo de los precios. Las reglamentaciones que restringen la oferta de atención, incluida la construcción de nuevas instalaciones, deben suspenderse. Los altos precios de la atención invitarían al sector a ampliar su capacidad aceptando como empleados temporales a los aprendices de la facultad de medicina o a los profesionales con licencias caducadas.

 

En las pandemias siempre hay zonas más afectadas que otras. En Italia, Lombardia tiene la mitad de contagiados de todo el país. En Argentina, Chaco y Capital Federal serían las regiones más difíciles. Pero el dato por sí no determina que Chaco necesita más respiradores y Capital más enfermeras. El presidente desde su despacho no tiene manera de saber eso. No hay forma mejor de averiguar eso que con el sistema de precios funcionando sin interferencia estatal.

 

Si se permite que los precios sean más altos en las regiones más desfavorecidas, inducirían a los profesionales médicos a cambiar temporalmente de especialización y a trasladarse a las zonas en las que pueden hacer el mayor bien. Las personas acogidas en empresas cerradas podrían proporcionar atención básica y vigilancia con una capacitación mínima, lo que permitiría a las personas con una formación más especializada dar prioridad a la atención que más la necesita.

 

Las intervenciones estatales, sea en el alcohol en gel, en la atención médica, o en los alquileres, destruyen el mecanismo de precios del cual vivimos a diario. Para cualquier bien o servicio, el sistema de precios del mercado libre asiste rápida e intensivamente de recursos, que es necesario en un escenario de crisis como una pandemia. En una crisis de este tipo no es intentar dirigir el mercado para asegurar la proporción de lo que se necesita, sino dejarlo libre para que haga lo que siempre hace: unir los objetivos de los productores emprendedores con las necesidades de la población.

 

*Eliseo Bottini Antunez es Periodista de la Universidad de Palermo. 

 

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

1/9
Please reload

Please reload

Please reload

IG-spo-rep.jpg

republicaeconomica.com © 2017 Republica Economica