Las 8 falacias económicas del discurso de Alberto Fernández

De la misma manera que en su primer discurso como presidente, la alocución de Alberto Fernández en la apertura de sesiones del Congreso Nacional se focalizó, principalmente, en la economía y después todo lo demás. Concretamente, los primeros 35, de los 80 minutos que duró su monólogo, versaron sobre temas económicos.

 

 

Herencia recibida, inflación, control de precios, deuda, pobreza, tasas de interés, política fiscal, retenciones y exportaciones, fueron algunos de los asuntos mencionados. Aunque como en todo discurso las generalidades abundan, no faltaron precisiones específicas que, lamentablemente, carecen de un enfoque cercano a la realidad y más afín a relatos ridículos.

 

1. "Que los precios dejen de crecer en la Argentina es una responsabilidad de todos. Este Gobierno se va a poner al frente de la lucha contra la inflación."

 

¿Es responsabilidad de todos que no suban los precios? ¿Suya también, estimado lector? Por lo menos de mi parte, y a riesgo de ganarme insultos, no me considero culpable de la inflación. De hecho, usted, yo y todos los que convivimos sobre las transacciones en pesos somos víctimas de la inflación. Involucrar a la ciudadanía para resolver ciertos problemas de índole social está muy bien, pero someter a los contribuyentes a un fenómeno monetario como la inflación, o es de una ignorancia supina o es un acto de mala fe.

 

Al respecto, fue el propio presidente quien dijo hace poco años lo siguiente: "Presidenta, deje de mandar chicos de La Cámpora a controlar los comercios y hable con Mercedes Marcó del Point (titular del Banco Central en ese entonces) porque el problema es que usted no tiene en cuenta la cantidad de dinero que ha emitido sin respaldo y es lo que ha sido la causa de una inflación enorme". https://youtu.be/cdfTDIqHfiM

 

Por ende, si el gobierno se va a poner "al frente de la lucha contra la inflación" pidiéndole a la población que vigile a los comerciantes, Fernández está realizando el mayor acto de maldad e ignorancia que existe en un país donde la inflación es la más alta del mundo desde la segunda guerra mundial. Es como sugerir que los individuos privados tienen la culpa de que los precios suban. La inflación se acaba cuando disminuye la emisión, lo dijo el Alberto opositor, y cuando se equilibren las cuentas públicas desde una disminución del gasto estatal. Todo lo demás, es una falacia.

 

 

2. "Nunca más a la puerta giratoria de dólares que ingresan por el endeudamiento y se fugan dejando tierra arrasada por su paso."

 

La historia de la fuga de dólares se volvió una etiqueta popular para desprestigiar libertades individuales. Los propios economistas que lloran la fuga lo constataron en un artículo publicado en el diario económico BAE el año pasado. Allí remarcan que el 36% de la deuda que tomó la administración de Macri, fue a financiar la fuga de capitales. Sí, 36%. ¿Y adónde fue el 64% restante? A financiar gasto público: es decir jubilaciones, obra pública, salud, educación, y entre otras cosas, intereses de la deuda.

 

Lo primero que a uno se le ocurre es que 36% no parece un número tan relevante para llevarlo a un discurso de apertura del congreso. Si de mi sueldo mensual destino 36% a salir a comer afuera, no sería justo decir que “trabajo solamente para salir a comer afuera”. Ergo, pensar que la deuda fue sólo para la fuga es no pensar. A propósito, el propio mandatario mencionó por twitter en plena campaña, un cuadro donde señalaba la diabólica fuga de capitales. La cifra apuntaba que de 2016 a 2019 la deuda se incrementó en US$ 107.000 millones, subrayando el ítem "fuga de capitales + intereses", sin enfatizar que la supuesta fuga fue mucho menos de la mitad de la deuda.

 

 

La conclusión es que, como en cualquier organización, el endeudamiento ocurre como consecuencia de gastos que superan a los ingresos.

 

 

3. "Es la especulación más dañina que puede enfrentar una sociedad: endeudarse solo para el beneficio de los especuladores y del prestamista. Debemos saber lo que pasó, quienes permitieron que ello suceda y quienes se beneficiaron con esas prácticas"

 

El presidente vuelve a hacer foco en la deuda, e indirectamente, retorna con la falacia de la fuga de capitales. Expliquemos el concepto de fuga: se refiere a que, en un contexto de endeudamiento externo, los dólares que ingresan a las arcas del estado son adquiridos por los privados a través de un tipo de cambio flexible como ocurrió durante gran parte de la gestión macrista.

 

De ahí nace la perorata de que "los amigos de Macri se llevaron los dólares de los argentinos". Aclaraciones claves. Primero: los dólares eran de quienes lo prestaron, no de los argentinos (en todo caso del gobierno de turno). Segundo: yo no soy amigo de Macri pero sí compré dólares, por lo tanto soy responsable de esa fuga. Como verán, otra vez, el presidente vuelve a involucrar a los ciudadanos que trataron de defenderse de la inflación comprando dólares.

 

Fernández se pregunta quién se beneficia de esas prácticas. Parece tonto, pero se lo pregunta en serio. ¿No es lógico que quien arriesga su propiedad prestándosela a alguien sea el mismo que, a través de un interés pactado voluntariamente, el que se beneficie? Las personas de bien honran las deudas. Aquellos que no, no les cabe otro calificativo que no sea el de ladrón o estafador.

 

 

4. "No perdamos de vista que no hay peor alternativa que la austeridad fiscal en las recesiones. Más ajuste lleva a más recesión, a menos oportunidades, más pobreza, más desigualdad, más exclusión".

 

Austeridad fiscal, las dos palabras más temidas por la heterodoxia económica. Pongámoslo en términos prácticos. El presidente está diciendo que bajar el gasto estatal deriva en mayores niveles de pobreza, y todas esas aberraciones relacionadas. Para su información, el tamaño del erario público no ha parado de crecer en los últimos 40 años, y sin embargo, la pobreza argentina se ha sextuplicado en ese mismo período. Esta es una excelente frase para pegarla al lado de la que alguna vez dijo Napoleón: "Quien no conoce su historia está condenada a repetirla".

 

 

5."Quiero expresar mi agradecimiento en primer lugar al Papa Francisco, quien de modo singular y ante los líderes de las finanzas internacionales, volvió a enfatizar su llamamiento a construir una una economía con alma".

 

Quedará para los historiadores evaluar cuál es la definición de economía con alma. Digo historiadores, porque los economistas no deberían perder ni un segundo en esa pavada. Al respecto de la deuda es importante dividirla en dos: una cosa es el FMI y otra son los bonistas privados. El apoyo eclesiástico, que se suma al de Angela Merkel, Emmanuel Macron, la ONU, etcétera, en el mejor de los casos sirve para negociar con el FMI; nadie puede esperar que el Papa les ordene a sus feligreses tenedores de títulos de la Argentina que acepten el canje así como así.

 

El gobierno tiene que negociar, y negociar no es lo mismo que rogar, exhortar o amenazar. Lo que en materia de deuda el gobierno hizo hasta ahora forma parte de una estrategia similar a la de Mauricio Macri, cuando toda la política internacional le dio el visto bueno y en la práctica no fue otra cosa que patear los problemas para delante. Por ahora, todo sigue igual..

 

 

 

6. “Nunca más a decisiones que se toman con ínfulas tecnocráticas de la noche a la mañana y de espaldas al pueblo”.

 

¿De qué habla aquí el presidente? No queda claro. Pero intuimos que se refiere al endeudamiento del gobierno anterior, especialmente el que pactó con el FMI. Es cierto que fue una decisión discrecional. Sin embargo, el poder ejecutivo tiene la potestad legal de endeudarse como guste. Si hubiera querido poner un freno constitucional, como se planteó en algún momento, lo habría mencionado en su discurso. La pregunta apropiada es, ¿acaso la ley de emergencia no le otorgó ínfulas tecnocráticas para decidir con total discreción el aumento a los jubilados?

 

 

7. "En los 81 días de gestión que llevamos la tasa de interés bancaria se ha reducido del 63% al 40%”.

 

Fernández se refirió a la tasa de política monetaria que define el Banco Central para la licitación de sus letras de liquidez (Leliq), el cual es utilizado como faro de la economía, y que ayuda a determinar la tasa de interés que luego ofrecen los distintos bancos comerciales, por ejemplo, de los plazos fijos. ¿Es esto una virtud? Para el ahorrista en pesos, no parece ser una medida alentadora. Cuando la tasa de interés que se paga es sistemática y groseramente inferior a la tasa de inflación, lo que tenemos es una estafa al contribuyente, que al mismo tiempo se le prohíbe comprar más de 100 dólares por mes.

 

Vale agregar también que a esa tasa ya nadie le presta al gobierno, como sucedió en sus últimas licitaciones que quedaron tristemente desiertas, además de que volvieron a reperfilar 500.000 millones de pesos de igual manera que lo hizo la administración anterior. Si vas a bajar la tasa sin que baje la inflación, con cepo ultra cerrado, y con un abultado default en pesos y al borde del incumplimiento de pagos en ley extranjera, lanzarlo como algo positivo es hipocresía.

 

 

8. "La política productiva debe tener una fuerte orientación a impulsar las exportaciones".

 

Parece un chiste. A punto de entrar en un conflicto serio con el campo por otro incremento a los derechos de exportación a la soja, el mandatario remarcó la necesidad de impulsar las exportaciones. A propósito, la liquidación del agro en febrero fue de US$ 815 millones: 49% menos con respecto a enero y 37% menos si se considera la evolución interanual. Conociendo esto, preguntamos ¿alguien del equipo económico podrá explicar de qué forma van a aumentar las exportaciones, en un contexto de suba de retenciones y estricto control del tipo de cambio oficial?

 

En el fondo de la frase se oculta el error más añejo que divaga en la mente del argentino promedio. El absurdo de que "hay que exportar más e importar menos". Demostrado ya por el teorema de simetría de Abba Ptachya Lerner, donde se probó la equivalencia entre grabar exportaciones o importaciones, las consecuencias es la reducción de la producción del sector dañado por la intervención.

 

Si Fernández a lo que se refiere es que Argentina se dedique a venderle al mundo cosas que no sabe hacer, y castigar al sector que nació para abastecer de dólares al mercado, lo que presenciamos es más de lo mismo: la falacia del proteccionismo.

 

 

Aclaraciones extras

 

Quedó una sensación de vacío por el simple hecho de que faltaron temas relevantes. ¿Educación? ¿Impuestos? ¿Nada del ajuste a los jubilados? ¿Qué planea hacer con Vaca Muerta, que disminuyó su producción un 50%? Un pequeño detalle: el mandatario antecesor, que lejos estuvo de ordenar las cuentas fiscales, no dejaba pasar un discurso sin mencionar el enfoque de orden presupuestario. "Tenemos que entender que no podemos seguir gastando por encima de nuestros ingresos", una y otra vez, Macri nunca dejó de repetirlo, aunque sin éxito en la práctica. Hoy, ya no sólo se expande el déficit, a pesar del saqueo impositivo, sino que Fernández ni siquiera hizo hincapié en términos de gasto público, al contrario: nunca se crearon tantos cargos estatales como en la hora y veinte que duró su discurso.

 

Lejos de un punto de partida coherente, el presidente decidió aislarse de la realidad, jugar con falacias económicas, relatos populares y etiquetas que confunden.

 

En el siglo en el cual el mundo se inclina cada vez más hacia la inteligencia artificial, en donde Estados Unidos no para de crecer desde que el populismo no es gobierno; en un mundo en donde nuestro principal socio y a la vez rival que es Brasil, nos comienza a dar la espalda, seguimos sometidos a gobiernos totalitarios, que viven de la sombra de un militar muerto, de argumentos que fueron desmentidos una y otra y otra vez, y de personas a los que no les interesa otra cosa que imponerle a la realidad una idea. Y esa es la definición del absolutismo. Y es aún peor, porque es un absolutismo consentido, electo, aprobado y aplaudido. Si, Aristoteles se revuelca en su tumba una vez más.

 

El antiguo régimen gobierna a la Argentina del siglo XXI. Y bueno, ya sabemos cómo terminan estas cosas.

 

 

 

*Eliseo Bottini Antunez es periodista de la Universidad de Palermo y analista político. 

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