La tontera de querer solucionar los problemas atacando las consecuencias y no las causas

17 Feb 2020

Tenemos que empezar a exigir que la solución de los problemas actuales, esté enfocada en las causas, en su raíz, y no en las consecuencias. En Argentina estamos acostumbrados a que los políticos que toman las decisiones plantean usualmente planes para “solucionar” los problemas, los cuales están enfocados en sus consecuencias y no es sus causas. Así en lugar solucionar los problemas, el mismo empeora o se generan más problemas. No se genera un mecanismo de prevención, una barrera o un cambio que evite que el problema persista o que vuelva a ocurrir. En el mejor de los casos, se suelen proponer estaciones de bomberos para apagar incendios, y no propuestas para prevenir los incendios y que no ocurran.

 


Aunque, en los últimos días vimos atónitos que la solución propuesta para los incendios es echar más gasolina al fuego.

 

Las razones de nuestros problemas: fallas humanas y estructurales. Tenemos en el poder político mayoría de personas con falta de educación económica y financiera, falta de ética y moral, estructuras y sistemas completamente vulnerables, instituciones organizadas de modo de permitir que las cosas se hagan erróneamente y dando lugar a que puedan ocurrir hechos de corrupción. Y un problema educativo y cultural muy grande en la sociedad en la que a las personas les cuesta entender lo más básico de la vida.

 

En materia económica y política, los problemas reales y de raíz de la Argentina son: la inflación, la elevada carga impositiva, el excesivo laberinto de regulaciones, el enorme tamaño del estado y la ineficiencia y mal diseño de dicha estructura del estado.

 

El sistema impositivo argentino es un verdadero laberinto, es una trampa mortal. Y las regulaciones también. Hoy en Argentina hay más de 165 impuestos y solo 10 de ellos representan el 90% de la recaudación: IVA, Aportes y contribuciones de seguridad social, Impuesto a las Ganancias, Ingresos Brutos, Impuesto al Cheque, Derechos de Exportación, Derechos de Importación, Impuesto a los combustibles. La carga impositiva es tal, que un empresario PYME está pagando impuestos 21 días de 22 días hábiles del mes. Es decir, además de dinero pierde tiempo y esfuerzos en pagar impuestos, en lugar de estar dedicando esa energía, dinero y tiempo en innovar y generar más valor lo que acarrearía más trabajo y riqueza.


El Total Tax & Contribution Rate (TTCR) en Argentina, es decir, la carga impositiva total que incluye impuestos y contribuciones sociales obligatorias que recae sobre el sector privado, es de 106% siendo entonces Argentina el segundo país en el mundo de mayor carga impositiva detrás de la Isla de Comoros que tiene el podio con una presión impositiva de 219,6%.

 

Este año, el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) calculó que cuando un argentino compra alimentos, el 43% del valor pagado por el consumidor son impuestos del Estado Nacional.


Es decir, casi la mitad de lo pagamos por los alimentos son impuestos que van a parar a las arcas del estado, esto incluye a los alimentos de la canasta básica y del actual programa de “Precios Cuidados”. Usualmente, la gente en lugar de reclamarle al estado por dicha voracidad fiscal, que es el verdadero problema del asunto, repite la frase “empresarios bajen los precios, sean solidarios”, cuando eso mismo deberían decírselo a los políticos “políticos bajen sus sueldos, achiquen el estado y bajen los impuestos”.

Con esta presión impositiva, ¿quién querría venir a invertir en la Argentina? o  ¿qué incentivos tienen los argentinos para emprender generando valor mediante productos y servicios lo que conlleva en consecuencia trabajo y riqueza? Nadie va a querer invertir en un país que se lleva el fruto del trabajo de los privados y que pone infinitos impedimentos para crear negocios y desarrollarlos generando puestos de trabajo y riqueza.

 

En cuanto a regulaciones, en Argentina hay aproximadamente 69.000 regulaciones. Y ello impide que naturalmente se cree valor y riqueza. La excesiva cantidad de regulaciones no hace más que inmovilizar al sistema. La naturaleza misma de la humanidad nos otorga gran cantidad de grados libertad, un libre albedrío que nos permite moldear la realidad en base a nuestra potencialidad. Somos en acto y en potencia siempre, lo que nos permite evolucionar constantemente y pasar de estados de menor satisfacción a mayor satisfacción mediante la toma de decisiones, tal como decía Ludwig von Mises. La elección libre es lo que nos permite evolucionar y mejorar nuestro bienestar individualmente primero y luego entregarle espontáneamente ese salto evolutivo a la sociedad, mediante los intercambios en el mercado.


La política actual nos está cortando cada vez más los grados de libertad, estamos con escasos grados de libertad como actores de la sociedad civil. Estamos en un vehículo mal diseñado, con las cuatro ruedas pinchadas, con la mitad de la nafta, con la mitad del aceite y conducido por un adolescente. Muy lejos no vamos a llegar.


El sistema está sobre-parametrizado, se vuelve inmanejable para el que tiene “el poder” y se vuelve invivible para los “gobernados”. Es como proponer atar una mano para solucionar un problema y se sigue con la siguiente mano, luego con los pies, y seguidamente  con el pensamiento.


La política actual nos está dejando inmóviles, y nosotros no estamos reaccionando. Es como el cuento de la rana hervida en la olla. La rana está en una olla con agua, al fuego, y comienza a subir la temperatura del agua lentamente. Al principio le parece agradable, luego comienza a sentir un desagrado pero se limita a aguantar y no hace nada. La temperatura del agua sube poco a poco, nunca en forma acelerada, hasta que la rana inmóvil muere sin reaccionar.

 

Los políticos deberían sincerarse con la sociedad, y dejar de agrandar los problemas. Los parches no sirven, emporan la situación, así como las trabas, regulaciones e impuestos. Los ciudadanos debemos saltar de la olla. Desenmascarar a la trunca política actual. Exigir una política de verdad.

Debemos exigir menos burócratas y personas funcionales a la actual estructura política que lo único que quieren es seguir manteniéndose así por sus privilegios y  seguir manteniendo a los pobres  en su condición de pobres porque de esa manera estos políticos se aseguran sus puestos y poder estar atornillados en sus poltronas a pesar de no dar resultados beneficiosos para la sociedad.

 

La verdadera solución para los problemas de la Argentina, además de encarar un profundo cambio educativo y cultural, es modificar la actual estructura impositiva, reducir los impuestos, reducir las regulaciones, modificar la estructura y achicar el tamaño del estado y mejorar el nivel de institucionalidad de manera de dar seguridad jurídica. Y dejar el intervencionismo del Banco Central con su impresión de billetes y juegos insostenibles con la tasas de interés, lo que en conjunto con las otras medidas de raíz adoptadas podría revalorizar el peso argentino e ir solucionando el flagelo de la inflación. Creer que la inflación es generada por el sector privado es una falsa premisa, y creerlo hace que se ataque a las consecuencias y no a las causas de la misma que son pura y exclusivamente responsabilidad del gobierno y las medidas económicas que toma. Y nada menor, que el poder legislativo deje de crear leyes inútiles y que nos perjudican.

 

Así podremos generar el contexto propicio para la creación de empresas y así puestos de trabajo lo que conlleva aumentar la riqueza, lo que permite elevar el nivel de vida de los ciudadanos sacando verdaderamente a los pobres de la pobreza.

 

*Natalia B. Basil es Directora Ejecutiva del Centro de Estudios Económicos ARGENTINA XXI. Es Ingeniera Química, Especialista en Sistemas de Control, Magíster en Administración de Empresas y Doctoranda en Administración de Empresas ESEADE. 

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