Alberto no es Néstor

12 Jan 2020

No, Alberto no es Néstor. Ni la época, ni la capacidad, ni la compañía, ni mucho menos su propia personalidad lo ayudan y por lo que viene demostrando, no tiene la visión que tuvo el primer kirchnerista para poder salir de la crisis de los 2000. Vamos a contarles por qué, y cómo la época de Néstor tampoco fue tan próspera (aunque en perspectiva con el anterior período, y con el que se está iniciando, podríamos afirmar que sí)

 

 

EL PRIMER KIRCHNERISMO

 

La observación coyuntural de un período específico de tiempo suele verse atravesada por un componente emocional que se basa en información incompleta. Si en lugar de haber escrito La Teoría General en 1936, John Maynard Keynes la hubiera escrito en 1950, la versión sobre la crisis del 30' hubiera sido otra. La mirada en retrospectiva elimina, en parte, el factor pasional y se adquieren criterios más confiables, por lo menos en cierta medida. Para esto los historiadores son fundamentales. La interpretación del 17 de octubre de 1945 por parte de Félix Luna sería distinta si él no hubiera estado ahí. El tiempo calma las aguas y permite más mesura para el análisis.

 

Dicho esto, aplicaremos esta noción al ciclo en cuestión, dado que la evolución económica palpable entre 2003 y 2008 arroja un hecho fáctico: el fuerte crecimiento del PBI, pero con distintas interpretaciones, la versión del gobierno kirchnerista y la versión profesional.

 

La versión del kirchnerismo dice que el PBI real aumentó 8,4%, la inversión subió 19,3% y la tasa de desocupación pasó de 17,3% a 7,9% sin modificarse la población económicamente activa. La inflación medida por el INDEC concluyó (de ahora en más utilizaremos redondeos) que los números del aumento de nivel general de precios, fueron los siguientes:2003, 4%; 2004, 6%; 2005, 12%; 2006, 9%; 2007, 8%; 2008, 7%. Por último, las exportaciones se incrementaron 19% y las importaciones 33% -sí, subieron más las importaciones-.

 

En una palabra, el quinquenio fue próspero. ¿Qué lectura hicieron (y siguen haciendo) los kirchneristas de estos datos? Que todo fue mérito de una política económica nacional, alejada del "Consenso de Washington" y del Fondo Monetario Internacional (misma política que pretende aplicar Alberto Fernández y que va a caer por sí misma). Esta mirada implicaba, evidentemente, que mientras ellos continúen en el poder, estos resultados podrían perdurar en el tiempo, observación imposible para la lectura profesional, como la referida y popular argumentación de culpar a la crisis internacional.

 

Al mismo tiempo, la estimación oficial subestimó la realidad durante 2006 y 2008, y el IPC puso luz en las sombras arrojando un aumento acumulado de 33%. Es decir se verifica la tendencia al alza de la inflación, y se tergiversan los número a partir de entonces, agravándose luego en los gobiernos de Cristina Fernández. Y, haciendo un poco de futurismo, podríamos afirmar casi con seguridad que tanto la inflación como la tergiversación de la realidad a través de la creación de un relato, serán características primordiales del neo kirchnerismo.

 

LA BUENA GESTIÓN DE NÉSTOR, EL DESASTRE ECONÓMICO DE ALBERTO

 

Durante la gestión de Néstor Kirchner el país creció un promedio anual de 8,8%, se crearon alrededor de 3 millones de puestos de trabajo y según las cifras oficiales, la pobreza cayó de 47,8% a 23,4% en 4 años. Pero la inflación estimada (no por el INDEC, claro está) ya rondaba en esos años el 20% anual, y como todos sabemos, la inflación es un impuesto que perjudica siempre a quienes menos tienen, por lo que la reducción de la pobreza con inflación, no podría sostenerse en el tiempo. Al mismo tiempo, los índices de criminalidad comenzaron a subir, factor que según el autor Hans Hermann Hoppe es fácilmente atribuible a las políticas sociales que relajan la moral de los ciudadanos.

 

El 40% de los argentinos afirmaba que el tema de la inseguridad, era su principal preocupación (y al gobierno pareció no importarle demasiado, ya que en 2005 dejaron de publicarse las estadísticas oficiales sobre esto). Y por supuesto, no podemos dejar de hablar de la corrupción de la familia presidencial y sus allegados, que fue uno de los principales motivos de la derrota electoral del candidato Daniel Scioli (quien representaba al movimiento kirchnerista) en el año 2015, para darle lugar a una coalición de gobierno que dijo ser el cambio, pero que sin embargo, profundizó las reformas kirchneristas e introdujo otras que atacaron a la raíz de la sociedad argentina, lo cual los condenó al fracaso en todos y cada uno de los tópicos políticos, y finalmente, la pérdida del gobierno, luego de solamente una gestión.

 

A pesar de todo, la esposa de Néstor asumió en 2007 con el 45% de los votos, y más tarde en su reelección, obtuvo el 54% del apoyo electoral. A raíz de la muerte del creador del kirchnerismo, Cristina se encargó de profundizar el modelo social instaurado por él y de generar las bases necesarias en el inconsciente colectivo y en el ámbito político, para que el neo kirchnerismo se abriera paso luego del fallido gobierno de Mauricio Macri.

 

¿Y la nueva gestión que apenas lleva un mes en el poder? Bueno, tiene un ministro que abrió una casilla de email para pedir sugerencias sobre cómo gestionar la deuda, volvieron a congelar tarifas; renovaron el programa “Precios Cuidados” (y nuevamente nos dicen qué podemos y qué no podemos consumir); implementó el cepo al dólar más fuerte después de Macri y nos empezó a obligar a ser “solidarios”; y por supuesto, siguen aumentando los impuestos, sostenidos por el relato de la pobreza y el hambre, y por esta palabrita que están desvirtuando tanto: la caridad, la solidaridad, acciones que per sé, son muy positivas, que siendo obligatorias por parte de un gobierno que de humildes no tiene nada, terminan siendo un espanto y que lo único que no generará , será bienestar en la población, y muchísimo menos en los sectores más pobres. El relato y las acciones, son de índole “cristinista”, con todo lo que ello implica para el país. Lo sufrimos ocho años, y aquí vamos de nuevo.

 

 

 

*Este artículo fue co-escrito por Carla Nicole Alegre Magliocco, Politóloga (UCA) y Master en Derecho y Economía (UCA); y Eliseo Bottini Antunez, periodista de la Universidad de Palermo.

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