Debates incorrectos en torno a los Precios Cuidados

9 Jan 2020

Este martes el gobierno relanzó el programa de Precios Cuidados 2020, el cual pasó de contener 500 productos a 311. En esta nueva etapa del plan que comenzó en 2014 como parte del programa anti-inflacionario de la gestión de Cristina Kirchner, los precios se reducen, en promedio, un 8%, y además se incorporan primeras marcas en distintos rubros como alimentos, perfumería y productos de limpieza.

 

 

Desde el Ministerio de Desarrollo Productivo, a cargo de Matías Kulfas, plantearon que el objetivo de este “control de precios” es que el mismo funcione como ancla anti-inflacionaria (un intento más y van…), y, a su vez, que sirva para determinar precios de “referencia”.

 

Conocidos los detalles del nuevo plan, comenzaron a surgir diversos debates en torno a diferentes aristas del mismo. Sin embargo, ninguno de ellos apuntó al debate que nos debemos en torno al ¿éxito? (¡fracaso!) de este tipo de políticas.

 

Debate 1: Sobre lo saludable de la canasta de bienes

 

El primer gran debate que se suscitó fue el de si la canasta de alimentos era más o menos saludable que la anterior. El mismo surgió debido a que el mes pasado en la reunión del Consejo Federal sobre el Hambre se realizaron algunas recomendaciones en torno a las necesidades nutricionales de las personas en dicha situación. 

 

Por este motivo, a muchas personas les llamó la atención (y criticaron) la inclusión de las bebidas alcohólicas y azucaradas (especialmente la Coca-Cola, producida por una multinacional de los Estados Unidos), luego que Narda Lepes sugiriera en la citada reunión que se debe beber agua! Desde el oficialismo defendieron la incorporación de estas bebidas con explicaciones de tinte político y hasta con cierto toque de humor desde las redes sociales: la Secretaria de Comercio Interior, Paula Español, planteó que se trata de las bebidas que consumen la mayor parte de los argentinos, y en Twitter, Roberto Carlés escribió: ‘De pronto me lo imaginé a Néstor diciendo: "¿Y qué íbamos a poner, la leche de almendras?", y se me dibujó una sonrisa en el rostro’.

 

Intercambio innecesario desde mi punto de vista: que cada uno consuma los productos que quiera, considerando sus ingresos y los precios de los bienes. Nota políticamente importante: hay tapa de asado y vino, así que todos contentos.

 

Debate 2: Primeras marcas vs. Segundas y terceras marcas.

 

Otro punto que destacaron desde el Ministerio de Desarrollo Productivo es la vuelta de las primeras marcas al programa (aquí reaparece Coca-Cola!). No debemos olvidar que ellos llaman “Pindonga” y “Cuchuflito” a las segundas y terceras marcas.

 

Si bien una parte de la producción de segundas y terceras marcas es realizada por grandes empresas, la mayor parte de la misma corresponde a empresas pequeñas y medianas, PyMEs. De esta forma, quitando estos productos del listado de Precios Cuidados se atenta contra el segmento productivo que “debería” proteger el Ministerio y se muestra un sesgo a favor de las multinacionales o grandes empresas, muy “Nac&Pop”.

 

Debate 3: Sobre los puntos de comercialización

 

Además del listado de precios de los productos, se presentó la nómina de canales de comercialización, los cuales podrán ser adquiridos en grandes cadenas de supermercados. De acuerdo a la consultora Nielsen, sólo el 20% del total de las ventas se realiza a través de supermercados.

 

De esta manera, aquí el problema reside en que geográficamente las cadenas de supermercados listados se concentran en los grandes aglomerados urbanos, mientras que en las zonas más alejadas (y probablemente con mayores necesidades económicas) los canales de venta son los mercados chinos, los mercados regionales o los almacenes.

 

EL debate necesario

 

Los tres puntos analizados son los que concentraron el intercambio de estos días. Sin embargo, en lugar de hablar si los productos son más o menos saludables que antes, si son de primeras o segundas marcas, o donde se pueden conseguir, deberíamos concientizar acerca de que este tipo de programas atentan contra el consumidor en general.

 

¿Por qué? Es bien sabido que este tipo de políticas nunca funcionaron ni van a funcionar. La fijación de precios genera escasez, y distorsiona los precios relativos. De esta manera, el consumidor que no logre hacerse con un bien de los especificados en la lista propuesta por el gobierno, deberá comprar uno de mayor precio, aun cuando sea un sustituto perfecto (un sachet de leche de un litro incluido en el plan de Precios Cuidados está $40,25 mientras que una fuera del plan cuesta $52,50).

 

El discurso del gobierno para implementar este tipo de programas es que los productores “formadores de precios”, que son los culpables de ese mal al que los argentinos estamos tan acostumbrados, pero que no terminamos de entender (vaya uno a saber porque): la inflación. Sin embargo, esto constituye una falacia, ya que la inflación es siempre un fenómeno monetario y el monopolio de la emisión lo tiene el Estado.

 

Entonces, ¿Por qué hay inflación? Porque el Estado utiliza la máquina de imprimir billetes para  financiar su enorme tamaño (otras vías adicionales de financiamiento son los impuestos, los cuales introducen distorsiones adicionales – y ni hablar de la deuda pública, que queda para la próxima!).

 

De esta forma, el debate que deberíamos tener apunta en torno a que política anti-inflacionaria deberíamos llevar adelante. Estamos con Precios Cuidados desde 2014 y la inflación no ha bajado de los dos dígitos… claramente algo no está funcionando.

 

Es hora de intentar con algo “nuevo” (aunque no tan nuevo), mirando a los países que han logrado contener su inflación luego de episodios de alta inflación crónica o hiperinflaciones como las nuestras: sin ir muy lejos, basta mirar a todos nuestros vecinos, los cuales han realizado reformas estructurales en línea con un Estado más chico y eficiente y una moneda sana, entre otras.

 

 

 

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