La decrepitud argentina: ¿Qué nos pasó?

18 Jun 2019

Argentina hace 10 años que no crece. Si tomamos el PBI per cápita entonces observaremos que desde el 2011 nuestro país se encuentra estancado. ¿Siempre fue así? Por supuesto que no, a principios del siglo XX nuestro país era el más rico de la región y uno de los más importantes en el mundo, con salarios industriales que se equiparaban con países como Estados Unidos y Gran Bretaña. Luego, con el paso del tiempo bajamos al promedio de la región para, finalmente, competir con algunos países africanos.

En éstos momentos existen 10 países de África que nos van a superar en cualquier momento. ¿Qué es lo que sucedió? Una serie de gobiernos populistas que priorizaron el derroche politiquero por sobre el crecimiento económico del país, creyendo que se podía crecer elevando los impuestos y fomentando el consumo en contra del ahorro. A pesar de que la experiencia nos demuestra que la única forma de generar crecimiento económico sostenible en el largo plazo es mediante una reducción del gasto, lo cierto es que nuestros políticos prefirieron desde siempre el sostenimiento de los excesos del sector público por sobre el sector privado.

 

No es novedad de que las empresas argentinas paguen los impuestos más altos del mundo, luego de la isla de Comoros. Para entender la magnitud del problema cabe sólo con leer el último informe de IARAF en el que explica que cualquier empresa argentina debe pagar un total de 47 impuestos, que si con el caso de impuesto a los ingresos brutos, el número total se incrementaría fenomenalmente. Del total de 47 impuestos, 20 son tributos impositivos y previsionales -11 nacionales, 5 provinciales y 4 municipales-, 24 regímenes de recaudación anticipada relacionados a los anteriores -16 nacionales, 5 provinciales y 3 municipales- y 3 normas procedimentales en materia tributaria, uno por cada nivel de gobierno. Éstos datos refuerzan el hecho de que la Argentina posee un complejo sistema tributario que elevan los costos de la firma, volviéndola con el tiempo poco competitiva en relación al resto del mundo. Por ejemplo, en la actualidad el 52,4% del precio total de la cerveza son impuestos y el 28% del precio de la yerba mate también son impuestos. ¿Cómo se sobrevive en un país con éstos números? Es casi imposible.

 

Tampoco es casualidad de que la tasa de desempleo sea tan alta en nuestro país y la recaudación vaya cayendo en picada. Cuando la presión impositiva es muy alta los sectores productivos no pueden reinvertir, ni expandirse ya que sólo se dedican a sostener la burocracia estatal. Es hasta muy probable que llevando adelante un simple cálculo de costo-beneficio decidan cerrar, dejando afuera del mercado laboral a cientos de personas. El resultado al final del día es la contracción de toda la economía y una alta tasa de desempleo. Con estos resultados, la recaudación también se contrae. Al final del día, todos terminan perdiendo.

 

Es imprescindible remarcar, nuevamente, que la raíz de esto es que desde el 2003 hasta la fecha el gasto público se incrementó a un nivel que se ha vuelto insostenible, desde los 25 puntos del producto hasta el 44%. Fundamentalmente debido a la cantidad de empleados públicos a nivel municipal -117% de variación entre 2003/2018- y a nivel provincial -77% entre 2003/2018-. Con éstos números tenemos un sector público cada vez más grande, un sector privado que debería ser el motor de crecimiento económico ahogado de impuestos y una economía estancada, con 5 recesiones en 10 años.

 

La cuestión al final del día es preguntarnos qué es lo que queremos: continuar en decadencia o crecer. Si la respuesta es crecer entonces ya sabemos que el único camino es que el ajuste provenga del sector público para que el sector privado pueda respirar nuevamente.

 

*Natalia Motyl es Licenciada en Economía y se desempeña en la Fundación Libertad y Progreso.

 

 

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