Nuevo apretón monetario: sin credibilidad no hay plan que funcione

15 Mar 2019

El INDEC informó que la inflación de febrero fue del 3,8% mensual (+ 51,3% i.a., máximo valor desde el año 1991) y Guido Sandleris, presidente del BCRA, salió a brindar una conferencia de prensa, en la que dio detalles respecto al mayor endurecimiento monetario por parte del ente emisor, con el objetivo de controlar la inflación.

 

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del Banco Central por “domar a la fiera”, es muy probable que el apretón monetario nuevamente no tenga éxito, debido a que el eje central de un plan de estabilización es la credibilidad.

 

¿Por qué la credibilidad es tan importante a la hora de implementar un plan antiinflacionario? 

 

Nunca debe olvidarse que la moneda sólo tiene valor en la medida que el público la acepte. Si se desconfía de la capacidad de la autoridad monetaria para mantener estable el valor de la moneda, esta tendrá cada vez menos valor.

 

En base a lo mencionado, analicemos el origen de los problemas de credibilidad, los cuales son varios (aquí presentamos lo más importantes), pero se encuentran íntimamente relacionados:

  1. Inconsistencia interna del programa económico: la política monetaria no se encuentra alineada con otras políticas. Mientras el BCRA endurece la política monetaria restringiendo la expansión monetaria y subiendo las tasas de interés, el Tesoro continúa incrementando el gasto público. Asimismo, no queda claro si el ancla nominal es la tasa de interés o el tipo de cambio (independientemente de las declaraciones de los funcionarios).

  2. Inconsistencia temporal: la estrategia optima ex ante es diferente a la ex post. Existen diferentes “trade off” o intercambios entre inflación y desempleo, deuda o impuesto inflacionario. ¿Cuáles son las variables de control de esta gestión? En el primer caso no existen dudas que la variable que le interesa al gobierno es la inflación: consideran que es la que necesitan controlar para llegar a las elecciones con los menores sobresaltos posibles (sacrificando cada vez más empleo). En el segundo, el camino elegido es el endeudamiento, a costa de un empeoramiento de las expectativas (más deuda hoy es más emisión, y, por lo tanto, más inflación, mañana).

  3. Información asimétrica: los agentes privados no saben si el BCRA seguirá la regla o tendrá incentivos para actuar de manera discrecional, por lo que necesitan un tiempo para internalizar la política económica. Sin embargo, el manejo monetario de los últimos meses (movimiento abrupto de tasas, intervenciones indirectas en el mercado cambiario) muestran un manejo discrecional, lo que mete “más ruido” y complica  la estabilización.

  4. Incertidumbre política: a todo lo expuesto se suma la típica incertidumbre del año electoral. El escenario tan incierto agrega volatilidad extra: si bien la gestión actual es decepcionante, el miedo al retorno del kirchnerismo no debe descontarse.

Entonces, debido a la imperiosa necesidad ¿cómo puede fortalecerse la credibilidad a fin que funcionen los programas antiinflacionarios?

 

En primer lugar, se debe romper de manera radical con el pasado: si bien debe llevarse a cabo un ajuste fiscal y monetario (prohibiendo explícitamente el financiamiento al Tesoro), estos no deben ser excesivos sino creíbles, ya que debe buscarse sustentabilidad de largo plazo. De nada sirve plantear que se llevará a cabo un plan de déficit cero y emisión cero si el mismo no es sostenible ni creíble.

 

Asimismo, deben eliminarse los controles de precios, ya que si bien permiten una transición de corto plazo hacia el equilibrio (con inflación baja), tampoco son sostenibles. Dado que los precios son señales de mercado, su control genera distorsiones de precios relativos, y, por lo tanto, no permiten la asignación eficiente de recursos.

 

El BCRA debe ser independiente, y esto se logra con la existencia de un mecanismo institucional que evite desviarse de las reglas: el tipo de cambio y la emisión monetaria o tasa de interés deben estar fuera de la órbita del gobierno. A pesar que desde el gobierno plantean la modificación de la Carta Orgánica, nada garantiza que de aprobarse la ley, esta no vuelva a cambiarse frente a la necesidad de recursos extra (no sería la primera ni la última vez).

 

Debe destacarse, además, el problema de “timing” del ajuste. Este debería haberse realizado al asumir la gestión, ya que la población estaba más dispuesta a aceptar los costos del ajuste.

 

El gradualismo ha fracasado y la falta de reformas estructurales nos están costando caro, tanto en término de actividad y empleo como de inflación.  Sin embargo, tras los anuncios del gobierno y el BCRA, está claro que lo único que les interesa es llegar a las elecciones con los menores sobresaltos cambiarios posibles. Sin embargo, no está todo dicho, y la falta de credibilidad nos puede jugar una mala pasada.

 

*Eliana Scialabba es Magíster en Economía Aplicada (UCA) y Licenciada en Economía (UBA), con un Posgrado en Economías Latinoamericanas (CEPAL) y uno en Economics of Money and Banking (Columbia University). 

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