La educación argentina: ¿Sin escape de las ideologías de izquierda?

"Estudiá, queremos que seas alguien en la vida y que el país salga adelante". Con mucha confianza  los padres envían a sus hijos a la escuela, porque el maestro sabe y ellos deben aprender de él. Pero, ¿qué es lo que están aprendiendo?

 

La educación es prioridad, sabemos que desde ese lugar podemos contrarrestar el daño anteriormente hecho, sin embargo no la cuestionamos. Redefinir la libertad es un asunto pendiente en la Argentina, pero sepamos comprender la razón por la que no sucede, y es que le entregamos esta tarea a alguien más.

 

El Estado tiene el monopolio de la fuerza, y también del contenido educativo. En nuestro país, la educación privada puede cambiar las formas con respecto a la pública, pero no sus programas. El Ministerio de Educación manda temas concretos a los cuales docentes y alumnos deben acomodarse.

 

¿Qué quiere decir esto? Que es difícil que en las instituciones educativas enseñen algo que el Estado no quiera que aprendas. Por lo tanto, estamos condenados a sumirnos en lo que los políticos decidan por nosotros. El Estado logra esclavizarnos, y nos enseña a no quejarnos por ello. “Cuando tiene lugar la educación estatal, en mayor o menor medida, tarde o temprano, aparece la indoctrinación debido a la necesaria intromisión del gobierno” – Alberto Benegas Lynch (h).

 

Esto sucede especialmente en las materias de las ciencias sociales como historia, economía, política, filosofía. Aunque no en todos los colegios, en la mayoría siguen un temario casi sin cambios; en especial en la secundaria, donde Perón, la revolución cubana y la rusa tienen una gran importancia, muchas veces enseñadas con admiración, al igual que la explicación sobre lo peligroso que es el neoliberalismo.

 

Casi nunca varía, persuadiendo a los jóvenes para inclinarse a la izquierda mientras cuentan el lado conveniente de la historia. Uno lo naturaliza, o incluso puede estar de acuerdo, pero sigue siendo adoctrinamiento y niega parte de la realidad a generaciones enteras, que como individuos actuarán dentro de nuestra sociedad- a veces con ánimos de cambiarlo todo.

 

Esta es la forma de la que el socialismo o sus variantes desde el centro hacia la izquierda, siguen apareciendo, se renuevan y son las banderas que los jóvenes enarbolan, a pesar de los identificables intentos fallidos de aplicar estas teorías. “Tomen la educación y la cultura, y el resto se dará por añadidura”, dijo Antonio Gramsci. Este rol lo ocuparon los intelectuales, personas que critican la realidad y comunican sus ideas influyendo a las demás personas en sus pensamientos, y por lo tanto, en sus decisiones. Estos personajes interceden entre los estudiantes y la ideología marxista tal como lo hacen los santos con Dios en el catolicismo. Demonizan la propiedad privada, demandan ayuda estatal, sin jamás preguntarse: “¿Es moral el colectivismo? ¿Hay evidencia de que pueda ayudar a alguien con estas políticas?”. La supuesta hegemonía de las llamadas clases dominantes fue combatida culturalmente, para reemplazarla por la actual hegemonía de las ideas izquierdistas, que acallan las voces que buscan la libertad.

 

Podemos cambiarlo, si nos lo proponemos, aunque sea complicado. Sabemos que no todos los docentes logran ser neutrales en cuanto a la ideología, pero deberían comunicar diferentes posturas, es un ideal al que debemos llegar para lograr que los estudiantes sean verdaderos sujetos críticos y no el resultado de un molde creado para aumentar el poder político sobre los ciudadanos. Una buena opción es el Sistema de Vouchers que sugirió Milton Friedman, donde cada familia decide a qué escuela enviar a sus hijos (privada o pública) mientras esta mantiene una administración autónoma y no estatal, generando una competencia entre ellas que las haría más eficientes en el afán de atraer más alumnos a su institución.

 

En este contexto surgen ideas nuevas, que promueven los jóvenes que consideran a la libertad como algo fundamental en la vida. Distintas organizaciones difunden las ideas liberales, no solo en economía sino también en filosofía e historia, y ahora se presentarán en las universidades públicas: UnLib (Universitarios liberales) por un lado, conformará grupos universitarios a cargo de voluntarios para cambiar la visión general sobre el liberalismo, enseñar conceptos sobre este y formar líderes universitarios; y FEL (Frente Estudiantil Libre) por otro, como una agrupación que participará de los centros de estudiantes a nivel país para exigir una buena administración de ellas.

 

*Agustina Belén Lumerman es miembro del Frente Estudiantil Libre, de la organización Estudiantes por la Libertad y estudiante de la carrera de Contador Público. @Belumita

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