Una política monetaria inconsistente

Como si poco hubiéramos aprendido de la última corrida cambiaria, la política monetaria sigue sin lograr un programa de estabilidad con fundamentos sólidos, que permitan la previsibilidad de mediano plazo, afectando así la estabilidad de precios y la actividad económica.

 

A partir del dato de inflación de enero (+49,3% i.a.) surgen varios interrogantes de porque no tiene los efectos deseados la política de emisión “cero” en la aceleración de los precios, de modo que intentaremos repasar algunas de las principales causales.

 

Uno de los principales obstáculos que dificultan la estabilidad cambiaria y de precios, es que se persigue un doble compromiso, como objetivo de política: el control de agregados monetarios entra en conflicto con el control de tipo de cambio.

 

Las altas tasas de interés producto de la elevada inflación, la restricción monetaria, y el gran endeudamiento del gobierno, volvieron a generar espacio para el carry trade, y así, el ingreso de dólares, apreciando el tipo de cambio real: en enero las reservas internacionales aumentaron 16,1%, llegando a USD 66.811 millones.

 

Para inicios de febrero la base monetaria excedía a la meta en $ 67.000 millones. Desde diciembre 2018 a febrero 2019, la misma aumentó un 10%, a la vez que el peso se apreciaba dejando al valor del dólar por debajo de la banda inferior.

 

Se hace evidente entonces que las restricciones que generó el doble objetivo de política económica terminan por alejarse de sendas metas, dado que aquellos pesos emitidos de más, luego corrieron contra las reservas, y volvieron a generar volatilidad cambiaria.

 

Aquí otro problema. Paradójicamente, las bandas cambiarias tienden, en algunos casos, a generar la volatilidad que intentan prevenir. Cuando el valor del dólar perfora el piso de la banda, las expectativas de devaluación aumentan, y a la postre esta necesariamente se produce.

 

Por otro lado, las Leliqs juegan también un rol fundamental en el problema de la estabilidad dado que son promesa de emisión futura y eso impide aplacar las expectativas de inflación.  El monto a enero ascendió a 815.782 millones de pesos, mostrando un aumento de 14,9% respecto de diciembre 2018.

 

Como dato de color, el M3 desde enero de 2018 y enero de 2019 aumentó un 48,0%, mientras que la inflación para el mismo período fue de 49,3%, lo que sigue echando por tierra el fundamento de la inflación multicausal.

 

El problema del ciclo político y la apreciación del tipo de cambio: frente a la incertidumbre electoral, no caben dudas que cualquier rumor (fundado o no), generará una corrida hacia la moneda estadounidense. Sin embargo, dado que cualquier suba nominal de tipo de cambio se traslada a precios, el tipo de cambio real comenzará a atrasarse nuevamente (mientras las “bandas de flotación” se actualizan al 2% mensual, en enero la inflación se ubicó en el 2,9% y se estima que en febrero superará el 3%).  

 

En definitiva, las medidas de emergencia lograron impedir una megacrisis del tipo hiperinflacionaria, pero dada sus propias restricciones, no genera buenos resultados de mediano/largo plazo.

 

Entonces, ¿qué hacer? Sin lugar a dudas, el desajuste monetario viene ligado a un problema mucho mayor: el enorme déficit fiscal. Con un Estado que cada vez necesita más recursos para financiar un gasto desproporcionado, la deuda pública o la emisión monetaria son las herramientas a las que puede echar mano. Sin embargo, ambas devienen, como plantean Sargent y Wallace, en más emisión de dinero y, consecuentemente, más inflación (la diferencia radica en la intertemporalidad y los costos políticos, económicos y sociales asociados a esta).

 

Por lo tanto, hasta que no se lleve adelante una reforma de carácter integral (del Estado, laboral, previsional), no será posible encauzar la economía en un sendero de crecimiento. 

 

*Eliana Scialabba es Magíster en Economía Aplicada (UCA) y Licenciada en Economía (UBA), con un Posgrado en Economías Latinoamericanas (CEPAL) y uno en Economics of Money and Banking (Columbia University). Leandro Moro es Economista y Docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Argentina de la Empresa. 

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