Perdona si te llamo monopolio

7 Feb 2019

Cuando nos referimos al “monopolio” es probable que al concepto se lo relacione de forma peyorativa. En el imaginario colectivo “monopolio” es sinónimo de precios altos, cantidades de productos menores y, sobretodo, prácticas dogmáticas. Nadie sabe muy bien de dónde han salido estas “ideas” que parecen estar tan arraigadas a los individuos, pero lo cierto es que su mención es captada por los oídos del interprete con una connotación negativa. Ahora bien, yendo por el camino de la tajante… ¿El monopolio es bueno? Bueno, depende. En ese sentido, ¿En qué casos sí y en qué casos no? También depende, más precisamente del tipo de monopolio al que nos refiramos.

 

Primero pensemos en el caso hipotético de un empresario extranjero que, gracias a las reformas realizadas por el nuevo gobierno durante el próximo año, decide invertir en la Argentina en la producción de un determinado bien que todavía no tiene mercado en el país. Dicho empresario tiene el capital y la tecnología necesaria para llevar adelante el proyecto. Cuando se instala en el país es el único productor y, por lo tanto, por definición es un “monopolio” propiamente dicho. Hasta que los empresarios nacionales se sumen al mercado, el empresario extranjero será el único productor en dicho mercado. 

 

Pues bien, ahora la pregunta es: ¿el precio que cobrará es más alto que en el caso de que exista más productores? Quien sabe, al no haber un mercado de más de un oferente es muy difícil estimar cuál podría ser el precio de dicho producto en esa situación. Es imprescindible recordar que, en economía no se pueden realizar experimentos controlados, por eso los economistas muchas veces trabajamos a ciegas sin poder vislumbrar un horizonte finito. Es por ello, que cualquier proyección que deseamos realizar sobre un determinado aspecto económico depende, justamente, de un sinfín de factores que deberán permanecer inalterados y, como es evidente, en la realidad es muy difícil que eso suceda. Por lo tanto, cualquiera que diferencie entre “precio monopolístico” y “precio de competencia perfecta” vive en un mundo de fantasía.

 

Sin embargo, existen ciertos monopolios, como el monopolio estatal del dinero que termina por empobrecernos a todos aún más y, nuestro país es el ejemplo claro de dicha situación. Sin muchos preámbulos, durante los últimos años se priorizó sostener en la Argentina un Estado enorme e ineficiente por sobre el bienestar de los individuos. Cuando existe un poder dogmático capaz de presionar el botón de la máquina de impresión de billetes es de obviedad absoluta que todos terminaran con un status económico peor. El valor de la moneda se corroe cuando se pone en circulación papel que nadie quiere. ¿Por qué se lleva a cabo esta práctica? Para aumentar el poder del Estado y tapar con el dedo el metro y medio de agujero de déficit fiscal que ha cavado. El poder del Estado debería terminar en lo que le ingresa, para cubrir sólo necesidades básicas de subsistencia. No existe nada más cercano al realismo mágico que suponer el sostenimiento de un déficit fiscal por mucho tiempo. Por ello, es fundamental impedir que el Estado deprecie la moneda y la única forma es que sacarle el poder.

 

¿Cuál es la solución al monopolio del dinero? Libertad de comercio monetario, es decir, eliminas la posibilidad de destruir el valor de tu moneda ya que en caso contrario desplazarías automáticamente tu moneda por otra. Ahí se genera un incentivo de “proteger” moneda nacional. Obviamente, esto no quita la posibilidad de que una vez iniciada la apertura algunos países, sobre todo los más chicos y volcados al turismo, adopten la moneda de un país más grande. Es necesario remarcar que no es una cuestión de “nacionalismo” ni de sentimiento “afectivo” hacia la moneda sino de resguardar a los individuos del país. Recordemos que con la moneda nacional las personas planifican hacia adelante, arman la lista de compras y contraen obligaciones. Si esa moneda no posee cierta estabilidad es imposible que cualquier individuo de esa sociedad salga de la pobreza. No pensar en una política más enfocada en los individuos es lo que produce que la Argentina no pueda bajar los números de pobreza.

 

En resumen, como sucede siempre todo en economía depende. Por eso la importancia de no estigmatizar determinados conceptos. Sin embargo, existe un punto en común: “la libertad”.

 

*Natalia Motyl es Licenciada en Economía y se desempeña en la Fundación Libertad y Progreso. 

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