¿Qué pasará con el Mercosur en los tiempos de Bolsonaro?

31 Oct 2018

Con el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil se comienza a debatir el futuro del Mercosur. Los rumores se acrecientan y las preocupaciones entre los países miembros se hacen sentir. No hay lugar para términos medios ya que a los tibios Dios los escupe al vacío o eso andan diciendo por ahí. La Argentina debe estar preparada para lo que vendrá, son tiempos de cambios y para entenderlos es necesario liberarse de aquellas obsesiones conceptuales que nos son ajenas. El proteccionismo es como una mujer obsesionada con un hombre, hace estragos y es capaz de destruir todo aquello que se interponga en su camino. No existe nada más peligroso que la coerción de libertad, la misma se basa en la ignorancia, la soberbia, la falta de autoestima y los celos.

 

En mi opinión todas aquellas políticas que dan un paso atrás en los grados de integración tienen un poco de cada uno de esos atributos. Cuando Trump prendió la cerrilla, propagó el fuego. A modo de ejemplo, la disputa entre Estados Unidos y China está basada primero en la ignorancia de conocer las ventajas del libre comercio, luego en la soberbia de creer que un país aislado puede crecer en el largo plazo más que el resto, después en la falta de autoestima de suponer que como país no se pueda desarrollar sin destruir a los demás y, por último, los celos de que otro país sea mejor que uno. El debate de fondo siempre es el mismo, en vez de ver la forma en que puedo desarrollarme de la mejor manera intento pasar por encima de todos ya que así es más “fácil”.

 

El discurso de Bolsonaro en relación al libre comercio sigue la misma línea, por un lado, aboga al libre comercio, pero por el otro les reprocha a sus vecinos de que no le permiten consolidar su relación económica con el resto de los países. A pesar de las ventajas que tienen los países del Mercosur, sobretodo la Argentina, con Brasil mi política sería completamente liberal. Dejar que Brasil salga del Mercosur e intente aislado negociar con el resto, que sólo construya la relación que quiera construir con el resto del mundo. No cedería ni una norma ni un término a la presión que pueda realizar Bolsonaro y ni siquiera le pondría trabas en el camino, sino que es más le daría unas palmaditas sobre la espalda, le abriría la puerta, le llamaría un taxi y le concretaría una cita con el resto del mundo mientras me siento en un sillón a leer a Mises. La idea de que un país “chico” tenga que ceder siempre a los caprichos de los mandatarios del país “grande” es absurda.  Si el país es “grande” como los spots publicitarios de campaña promocionan, bueno, que lo demuestre bajo libre comercio. Estas situaciones me recuerdan a esas amigas de café que tienen miedo de que sus novios les sean infieles y se la pasan horas obsesionándose con las “tentativas” competencias atosigándose y atosigándolos. Y yo siempre les digo: “reserva en el mejor Hotel de Buenos Aires, conseguí el número de la chica que más celos le tengas y luego dáselo a él junto con la habitación del Hotel”. Me parece que en términos de contratos y negociaciones es necesario tener siempre sangre fría. Por lo tanto, la Argentina en estos momentos debe imprescindiblemente irse bien al sur y congelar sus venas.

 

Repasemos algo de historia y algunos conceptos de economía internacional para que entendamos por qué llegamos a desear integrarnos económicamente con otros países. Una de las mayores crisis de la historia económica mundial fue la de 1930. En plena crisis Estados Unidos, de la mano de Reed Smoot y Willis C. Hawley, sancionó la Ley Hawley-Smoot. Dicha ley incrementó fenomenalmente los aranceles a los productos importados, en un intento de proteger, principalmente, a los sectores agrícolas e industriales norteamericanos. En el muy cortísimo plazo dichos sectores obtuvieron alguna que otra ganancia extraordinaria en prejuicio de otros países. Sin embargo, cuando los demás países, entre ellos Gran Bretaña, Francia y Alemania, también comenzaron a cerrarse y las exportaciones estadounidenses se vieron afectadas, la economía norteamericana empezó a caer aún más. Muchos analistas concluimos que la erogación de esta ley profundizó la crisis de 1930.

 

Luego de ello se tomó verdadera consciencia sobre las implicancias del proteccionismo y las ventajas del libre comercio. En un primer momento primaron los acuerdos bilaterales, es decir, un país le reducía los aranceles a determinados productos de otro país a cambio de la rebaja de los aranceles de algunos de sus bienes.  Obviamente, como en toda negociación los productos en los cuales se centraban eran claves. Además, negociar de a un país conllevaba más esfuerzo y tiempo que negociar con varios a la vez. Consiguientemente se creó la GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) una entidad enfocada en la reducción de aranceles bajo el principio de reciprocidad, es decir, un país se comprometía a no elevar sus aranceles en un futuro y si lo hacía tenía que contraer los aranceles de algún que otro producto. La GATT era limitada, se enfoca únicamente en el mercado de bienes y se organizaban reuniones periódicas para intentar liberalizar la economía mundial. Más tarde se creó la OMC (Organización Mundial de Comercio) y se amplió el campo de debate a servicios, propiedad intelectual, etc con un mayor grado de compromiso por parte de los países miembros de liberar el comercio internacional.  En el medio se llevaron a cabo siete rondas con incansables negociaciones para lograr la libertad en el comercio. Mi punto es después de tanto consenso ¿Cómo es posible que después de algunos años volvamos al punto de partida? Si ya se observó que el proteccionismo es fatal por qué volver a considerarlo. El proteccionismo es como la intervención estatal, se comienza interviniendo un sector y se finaliza con socialismo. Con el proteccionismo pasa algo similar, un país comienza a cerrarse y termina todo el mundo por aplicar políticas proteccionistas.  Trump parece querer ir por este sendero sin dar marcha atrás.

 

Si retomamos el tema de Bolsonaro, vemos que persigue reemplazar la unión aduanera por zonas de libre comercio. La idea es que los países del Mercosur tengan mayor flexibilidad a la hora de negociar unilateralmente con otros países. Sí, es mayor la libertad, pero no necesariamente el poder de negociación va a ser mayor. Lo que tiene de ventajoso el Mercosur es que establece un arancel externo común y puede crear comercio, pero también es cierto que limita la posibilidad de negociar con otros países e intercambiar bienes a aranceles bajos. Habrá que ver que es lo que realmente decide Bolsonaro pero en un primer principio lo ideal es no ceder a la presión.  A la Argentina en estos momentos no le conviene salirse de la Unión Aduanera.

 

A modo de conclusión, es necesario estar atentos a lo que vaya sucediendo en los próximos meses y como van evolucionando las negociaciones. Mientras se debe empezar analizar las posibilidades estratégicas en términos comerciales con el resto del mundo.

 

*Natalia Motyl es Economista y analista económica de la Fundación Libertad y Progreso.  

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