Los jóvenes y la negación a la libertad

Veamos, me gusta decir que Argentina es como el suicida que no se deja ayudar. Cuando uno está convencido de lo que quiere, lo alcanza. Esto también se cumple cuando lo irracional se apodera de uno y se deja llevar por los sentimientos, que parecen indicar una solución. En el país, la ignorancia sobrepasa la razón, solemos mantenernos fieles a un movimiento por conveniencia y por los momentos buenos, pero fugaces. Pensamos en el corto plazo con tal de no renunciar ahora a lo que podríamos tener, con un esfuerzo continuo, en el largo plazo. Por esta razón, no somos capaces de identificar cuál será un gobierno útil y cuál no, cuáles deberían ser las funciones del Estado en nuestras vidas y qué deberíamos reclamar.

 
No es un “Donde existe una necesidad, nace un derecho”, es un “Donde hay libertad,
nace una responsabilidad”. Es fundamental que entendamos que nuestra necesidad es,
en realidad, que los dirigentes del país dejen de entrometerse, regular nuestras vidas sin límite. Es doloroso ver cómo frente a la decadencia la gente pide más y más regulaciones, dependiendo de un Estado paternal para sobrevivir.


Ahora, ¿Por qué nos dan vuelta la cara a los liberales? Por el miedo a la libertad, porque se nos enseñó que esta doctrina es una mala palabra. Existe una confusión sobre el concepto de ella, una exageración sobre las llamadas “fallas del capitalismo” y un empecinamiento por repetir siempre que “Somos un caso distinto al del resto del mundo”, puestas en marcha con un solo objetivo: un mal común para unirnos. Para hacernos ignorantes. Nos hacen creer que si los demás están bien, es porque hacen que nosotros estemos mal, cuando en realidad es por mérito propio. Por esto hoy, como sociedad, formamos parte de la minoría de naciones que niega el progreso de los países que abrieron sus mercados al mundo. Quienes lo hicieron en una condición similar a la que tuvimos en ese mismo momento, cuando tendríamos que haber aplicado estas política también.


Es lamentable, pero es totalmente comprensible el temor. Se debe a los antecedentes
políticos y económicos que, en movimiento pendular, lograron que sigamos en la misma posición que hace más o menos 70 años, sin haber desarrollado una industria firme, mientras se atosiga al campo exigiéndole recursos. Los datos demuestran que es nuestra principal fuente de divisas, pero los gobiernos optan por no fomentar, o mejor dicho, por perjudicar a ese sector, solo para aprovecharse. En los colegios de Buenos Aires, la “oligarquía terrateniente”, es la fuente de odio de casi todos los docentes. Se descargan en las clases, empecinándose en dejar un sentimiento de resentimiento hacia él por parte de los alumnos. Crecemos pensando que este sector, es el culpable de que no podamos avanzar cuando, en realidad, aporta un gran porcentaje de dinero al Estado mediante retenciones e impuestos.


En las clases y en la calle, se suele asociar al liberalismo con los golpes militares, que solo aplicaron uno económico y distorsionado. Errores además condicionados por las
problemáticas socioculturales de esa época, y la misma violación de los derechos
individuales, que es contradictoria al concepto liberal. No puede llamársele así a un golpe de estado, ni a ningún totalitarismo. Las medidas económicas que apuntaban a esta doctrina fueron solo parciales, como con Martinez de Hoz en la dictadura del 76. Un tipo de cambio fijo y contraer deuda internacional, por más que se reduzcan aranceles y se quite el control de precios, no son los objetivos de la libertad. No podemos seguir adjudicándole esta etiqueta a algo que no fue correctamente aplicado.

 

Cualquier institución educativa, ya sea pública o privada, termina logrando que a pesar de nuestra esencia o predisposición, muchos terminen virando al izquierdismo. Son muchos los que crecen pensando que cualquier forma de trabajo que no conceda una gran cantidad de beneficios o privilegios, es explotación. Muchos más son lo que lo hacen creyendo que la pobreza es causada por el capitalismo, mientras que fue el sistema que nos sacó de la miseria extrema y lo sigue haciendo cada día. Sin embargo, lo peor resulta ser que por ninguna razón se les ocurriría que muchas de las acciones sociales que brinda el Estado, pueden tener origen en el sector privado.


“Si no lo hace el Estado, ¿Quién lo va a hacer? ¿Vos?”. Murray Rothbard explicó una vez que, si el gobierno fuera el único fabricante de zapatos, la mayoría de la gente seria incapaz de imaginar como podría producirlos en el mercado. La meritocracia se ha perdido casi por completo entre los jóvenes, así como la confianza en que el ser humano es capaz de ayudar al otro sin que se lo impongan las mismas personas que le están robando, los políticos. En cambio, sienten adoración por ese imperio estatal, cuando les enseñan a repudiar el supuesto imperialismo, cuando les inculcan que nos oprime la libertad de los otros.


Por el momento no podemos cambiar esta situación porque en el afán de seguir manipulando y regulando nuestras vidas, haciendo uso negligente de nuestros recursos, nos adoctrinan mal llamándolo educación. Contenidos erróneos, que favorecen al amor por la dependencia del Estado, del que pocos nos libramos. Sueño con una nueva oportunidad, un cambio verdadero y radical, que comience a dar a conocer la realidad objetiva, sin ideologías. Con un país justo, que pueda aprender aun estando ahora en la marginalidad, que vuelva a fomentar la cultura del trabajo. ¿Podremos tenerlo en los próximos años y superar la crisis, o nadie frenará nuestra caída?

 

*Agustina Belén Lumerman es miembro del Frente Universitario Libre y estudiante de la carrera de Contador Público. @Belumita

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