El futuro de la Libertad en Argentina

10 Aug 2018

El consenso mundial es que Argentina es la segunda economía de los mercados emergentes más frágil del mundo luego de Turquía, y sabemos que no tenemos la importancia geopolítica, por lo que a menos personas le preocupa nuestra estabilidad.

 

El avance de movimientos de ultra izquierda chavista como Ciudad Futura, financiados por el partido anticapitalista de Podemos, que, por ejemplo, en Rosario, llegaron a conseguir 10% de votos en elecciones de concejales. Esto es una demostración que existe un vacío de representatividad política que están sabiendo utilizar a su beneficio. Ese vacío está siendo aprovechado por este tipo de partidos que se alimentan del caos social y económico, comportamiento que está grabado en su idiosincrasia gramsciana. 

 

Por otro lado, los partidos tradicionales (UCR, PJ, Kirchnerismo, PRO y Cambiemos como coalición), fuera de lo ideológico y lo técnico, demostraron y demuestran una ineptitud flagrante en la administración gubernamental. Todo lo que quieren hacer que está bien, lo hacen mal, y el resto de lo que quieren hacer está directamente mal (sin considerar si eso mismo les sale bien o no). Tal vez sea mejor que no intenten más nada. ¿Si el gradualismo les salió así de mal, se imaginan un shock diseñado con esta misma ineptitud? Por supuesto que la incompetencia en el desempeño de la función pública no es excusa para fundamentar hacer políticas equivocadas.

 

La combinación de las tres situaciones descriptas conforma los ingredientes para un escenario donde, en el mejor de los casos, seguiremos el camino del empobrecimiento que llevamos desde hace décadas, con las periódicas crisis; en el peor de los casos, un colapso institucional y social similar al de Venezuela o, sin ir muy lejos, al que se ve en Formosa. Esto, por supuesto, es proyectando la situación actual de no haber cambios de paradigma. Un cambio de paradigma consistiría en salir del “esta vez va a salir bien” donde, sin importar qué bandera política sea, o qué tan honestos, la política es dirigista e intervencionista con un estado de tamaño titánico.

 

Lo único que logra esto es seguir empujándonos a la miseria, tal vez con mayor o menor fuerza, pero indefectiblemente, como demuestran los últimos 90 años, no hemos dejado de descender en la decadencia. Muchas personas piensan (erróneamente) que un cambio de paradigma implica hacer cosas nuevas, inaplicables en nuestra sociedad, teorías que fallan en la práctica; piensan que no se pueden aplicar mediante los instrumentos institucionales democráticos y republicanos establecidos. Si ese es el caso, por lógica, no tenemos salida, pero objetiva y afortunadamente, no lo es. 

 

Una cosa tiene de cierto ese pensamiento, sin fundamentación institucional, los cambios políticos no son sustentables, en el mejor de los casos su futuro siempre será incierto. El debate urgente se centra en las políticas que afectan el corto y mediano plazo, donde la economía ciertamente es un eje central. Sin embargo, el debate más importante es sobre las instituciones que son los soportes pilares de una Nación y definen el perfil del país. ¿Queremos un país que respete las libertades individuales, donde haya igualdad ante la ley y no mediante la ley, o queremos un país donde el Estado se haga cargo de dirigirnos la vida en el ámbito privado, publico, individual, social, y que regule e intervenga en las actividades civiles, comerciales e industriales?

 

Algunos (tal vez la mayoría) creen que ambas posturas pueden convivir en cierto grado y buscan, más o menos, un compromiso intermedio; esto es un error filosófico, que se expresa en fallas sistémicas en la realidad (léase, las cuatro grandes crisis que sufrimos en 40 años). No existe la libertad a medias ni en partes donde una no afecta la otra.

 

Las instituciones de la Nación Argentina son, en principio, liberales, partiendo de la Constitución Nacional. En la medida que las fueron degradando y alejando del espíritu original liberal ideado por J. B. Alberdi, el país fue sumiéndose en la miseria. Usando este argumento empírico, un tanto utilitarista que deja de lado lo que se puede considerar correcto desde la Ética, se concluye que el cambio de paradigma -que conviene- debe reflejar los principios de las instituciones liberales. Un argumento de algunos es el de dar la “batalla cultural” para influenciar a la sociedad y a todo el espectro político, para que, en el mejor de los casos, algún partido de los establecidos, con poder suficiente para proponer las reformas, pueda efectivamente impulsarlas y realizarlas.

 

La línea de acontecimientos que deben darse para que algo así sucediera se parece al fenómeno de la alineación de los planetas, excepto que en el vacío del espacio no hay resistencia. Es verdad que es imprescindible dar una “batalla cultural” que sea informativa, amplia e inclusiva, no meramente académica ni exclusivista. Pero dado que no existe en Argentina una alternativa política que realmente comulgue con los principios liberales, no podemos pretender de las personas de la política hacer cosas en las que no creen en espíritu.

 

Por esto es necesaria la formación de un partido que nazca de los Principios de la Libertad, sin pretender nada extraño, basándose en las ideas de Alberdi que nos hicieron y hacen prósperos a muchos países del mundo; que cuente con rigor filosófico, intelectual y técnico, y así ser la punta de lanza del cambio de paradigma social, cultural y político. Con esa perspectiva se puede construir una esperanza en el futuro de la Libertad en Argentina.

 

*Pablo Di Bernardo es Asesor del Partido Libertario en Santa Fe y ayudante de cátedra en UTN-FRRO en Ingeniería Mecánica. 

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