Lo ideal se contrapone a lo real

7 Aug 2018

La capacidad de poder alejarse de las formas comunes de hacer y pensar las cosas depende de uno. El estudio a partir del yo individual se convierte en acción primaria de todo deseo de liberación de adentro hacia afuera. Es por ello que el individualismo metodológico obliga que sea uno quien tome el autocontrol y la responsabilidad de las consecuencias que puedan atraer cada una de sus acciones. Nada más que el individualismo, entendiéndolo como herramienta metodológica de análisis, es capaz de encontrar el punto exacto en donde el yo individual se conecta con el yo social. El individualismo se contrapone a los adoctrinamientos comunistas que recurren a ciertos instrumentos perceptivos para suplir la falta de raciocinio lógico. Como es bien sabido, la percepción ciega la realidad. 

Las corrientes marxistas utilizan un elemento que se haya latente en todos los seres humanos y, en mi opinión, es el más obstaculizador en cuestiones de libertades: la idealización. Hayek habla del concepto de “utopía” pero únicamente se abocó a encuadrarlos al marxismo. Sin embargo, la idealización no pertenece a una sola manifestación ideológica sino que es común en todos los individuos. Al igual que el proceso digestivo, la carencia de seguridad en uno mismo o la arrogancia, la acción de idealizar se presenta con frecuencia en la mayoría de los individuos.

 

Cuántas veces hemos oído a una persona relatar una serie de atributos sobre un determinado sujeto casi llegando a modelizarlo como un ser totalmente perfecto mientras uno sólo es capaz de observar lo común y cotidiano hecho carne. Es usual que las personas idealicen circunstancias, lugares, relaciones y personas en su necesidad de modificar la realidad que no les satisface. La percepción distorsionada aleja al individuo de la realidad en la cual se encuentra inmersa y le impide interpretar correctamente las señales del contexto externo.

 

La imposibilidad de aplicar las ideas marxistas se encuentra fuertemente condicionada al hecho de que no puede resolver el problema del cálculo económico. Por lo tanto, toda su doctrina se basa en meras utopías sin ningún sustento racional y lógico. Aun así, muchos individuos se sienten atraídos por estas ideas. Afortunadamente no es pecado idealizar, pero sí mentir y pecado aún mayor mentirse a uno mismo. La fatal arrogancia de creer que la ilusión puede ser encajada perfectamente en la realidad.

 

La realidad es autónoma y como tal no puede ser manipulada a su antojo. No es moldeable sino que es fruto de la naturaleza propia de lo espontáneo. Volcar sobre ella nuestros deseos sólo nos frustra y nos ciega, impidiéndonos aceptarla tal cuál es. Si en nuestro quehacer diario no dejamos de idealizar, hipócritas no seamos cuando juzguemos los sueños de los demás. Por más doloroso que pueda llegar a ser es imprescindible comprender que l'idéal n'est pas le réel.

 

La realidad no es más que un constante devenir de fuerzas espontáneas que interactúan entre sí queriendo hacerse su eco entre los individuos que muchas veces se resisten a aceptarla por miedo a verse ofuscadas sus intenciones. A pesar de ello, la realidad nos abre la puerta al progreso. Si no nos cegamos y abrimos los ojos es posible que podamos ver lo colorido entre tanto gris. La mayoría, siendo liberales o marxistas, persiguen un mundo en el que todos trabajen, puedan acceder a los recursos y ninguno se encuentre aislado ni desamparado. No es un deseo de unos pocos sino de muchos. Lo que nos diferencia unos de otros es que algunos nos sacamos la venda de los ojos antes que los demás y pudimos aterrizar los pies sobre la tierra. La realidad nos regala las herramientas para desarrollar un contexto en el cual los fines últimos puedan ser alcanzados mediante la construcción.

 

Si entendemos que el único camino hacia un porvenir mejor es la libertad y la aceptación de lo espontáneo, el progreso no tardará en llegar de una u otra forma. No basta únicamente en enumerar todas aquellas aspiraciones que tenemos sobre la otra parte, circunstancia o lugar sino de conocer a la otra parte, circunstancia o lugar. Si forzamos a idealizar lo único que vamos a lograr es toparnos una y otra vez con la misma piedra. No es sorprendente que la historia argentina sea un círculo constante de hechos que se repiten porque son pocos los individuos que logran escapar de lo utópico y enfrentarse a la realidad.

 

*Natalia Motyl es Economista y analista económica de la Fundación Libertad y Progreso.  

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