El populismo contraataca y López Obrador gana en México

2 Jul 2018

Por primera vez en la historia de México, el ejecutivo lo encabezará un candidato de un partido de izquierda. Sin resultados oficiales, sus principales adversarios reconocieron su victoria. La asunción presidencial se realizará el 1º de diciembre.   

 

 

Luego de una campaña plagada de violencia y crispaciones, y a la conclusión de una jornada electoral inesperadamente tranquila y con incidentes de mínima consideración, Manuel López Obrador, el candidato de la coalición Movimiento de Regeneración Nacional (morena), fue electo presidente de México por los próximos seis años.

 

AMLO, como lo llaman tradicionalmente, no sólo se convierte en el primer presidente de izquierda en la historia de la democracia mexicana, sino que también se convirtió en el presidente más votado de la historia. Si bien el Instituto Nacional Electoral (INE) aún no dio los resultados oficiales, que se esperan para el 4 de julio, acorde al Conteo Rápido (un método alternativo al oficial arrojado por el INE), López Obrador obtuvo entre el 53% y un 53.8% de los sufragios. Mientras que el candidato por la derecha, el Partido de Acción Nacional, Ricardo Anaya, secundo a AMLO con un 22.1% - 22.8%. En un muy gráfico tercer lugar, se ubicó el candidato del actual presidente Enrique Peña Nieto, por el Partido de la Revolución Democrática, José Antonio Meade, quien consiguió un lejano tercer lugar con un 15.7% - 16.3%. El candidato independiente, Jaime “El Bronco” Rodrigues Calderón obtuvo 5.3% - 5.5%. Sumando datos anecdóticos de la jornada electoral, de los 89 millones de ciudadanos que conformaban el padrón electoral, el grado de participación fue de entre un 62.9% - 63.8%, ubicándose en uno de los más altos de la historia. Como así el escaso número de incidentes en los puntos de votación, habiéndose arrestado a sólo once personas por haber ofrecido dinero a cambio de votos, e incluso destacando la ausencia de denuncias cruzadas de fraude por parte de los candidatos.

 

Sin resultados oficiales, desde sus inmediatos adversarios a la presidencia, hasta el actual primer mandatario Peña Nieto, felicitaron públicamente a López Obrador por su victoria electoral, abriendo una serie de festejos por parte del electorado mexicano y también una sucesión de congratulaciones internacionales. Vía Twitter, la red social predilecta para reconocer victorias ajenas, diferentes mandatarios del mundo manifestaron sus felicitaciones al nuevo presidente de México, entre ellos Donald Trump augurando una relación beneficiosa para ambos países, también Morales de Bolivia, Nicolás Maduro asegurando que triunfó la verdad sobre la mentira; y también Juan Manuel Santos de Colombia, Martín Vizcarra de Perú, Juan Carlos Varela de Panamá, el actual presidente de Ecuador Lenin Moreno, y su antecesor Rafael Correa, entre otros mandatarios latinoamericanos.

 

Un discurso para tranquilizar expectativas

 

Luego del pleno reconocimiento de la victoria por parte de sus adversarios, Manuel López Obrador, después de un largo recorrido con caravana incluida, llegó a su sede electoral para pronunciar el tan esperado discurso. Minutos antes, Enrique Peña Nieto felicito públicamente a quien será su sucesor desde el 1º de diciembre, asegurando “todo el apoyo del gobierno republicano para una transición ordenada”, y finalizando el discurso con un correcto “unidos, todo es posible”. López Obrador, acompañado de su familia, se dirigió a su gente leyendo un discurso plagado de anuncios y aparentes frases para calmar las expectativas. Primeramente, envío sus respetos” a quienes votaron a otros candidatos y partidos”, continuando con un llamado al pueblo mexicano a la reconciliación y “poner por encima de los intereses personales el interés general”. También aclaro que no apuesta a constituir una dictadura ni abierta ni oculta. Quizás con esas líneas esté respondiéndole a quienes aseguran que su discurso moderado esconde su personalidad autoritaria, y más aún, hablándole a un gran número de detractores que ven en él una figura populista que podría inducir a México en una nueva Venezuela.

 

También aseguro que: “habrá libertad empresarial, de expresión, de asociación y de creencia. Se garantizarán todas la libertades políticas y sociales.” En el plano económico, afirmo que se respetará la autonomía del Banco de México, y que el nuevo gobierno mantendrá la disciplina financiera y fiscal. A su vez, anuncio que los contratos del sector energético suscriptos con particulares serán revisados para evitar anomalías e irregularidades. Dicha revisión estará a cargo de entidades judiciales nacionales e internacionales. Aclarando que no se llevarán a cabo confiscaciones ni expropiaciones de bienes. Por último, aseguro que no habrá necesidad de subir impuestos ni endeudar al país, prometiendo un alza en actividad económica que atraerá más trabajo y productividad.

 

Unos de los tópicos más cuestionados por la gente, y que probablemente lo llevó a la victoria, es su lucha por combatir la corrupción. En base a ello, prometió desterrarla del país, asegurando que no es un fenómeno cultural, sino de una clase política en decadencia. Y categorizó que “no hay engaño, sea quien sea será castigado. Sea quien sea. (…) Un buen juez por la casa empieza.” Dictaminó en alusión que irá tras la corrupción de su propio partido, como así también de los ajenos. ´

 

López Obrador tiene la misión de aclarar que no es el populista temido por muchos, ni un generador de una nueva Venezuela. También debe enarbolar una bandera anticorrupción que fue el ancla que hundió a los partidos tradicionales, como el actual PRI, que colocó a su candidato José Antonio Meade, funcionario de Peña Nieto, en un agónico tercer puesto. Corrupción que ubica a México, acorde a mediciones internacionales, en el puesto 135 de los 180 países con mayor corrupción en el mundo. López Obrador también debe hacerse cargo de un país que, con 120 millones de habitantes, posee un 44% de pobres y con una tasa de 29 mil homicidios. Y que lo eligió no sólo por afinidad ideológica, sino también a modo de voto hartazgo de la clase política tradicional. Tal como sucedió en su vecino Estados Unidos con el voto al mediático Donald Trump.

 

Concluida la jornada electoral más cuantiosa de la historia de México, en cuanto a presupuesto, y electores, incluidos los 98.584 ciudadanos en el exterior que votaron, como así también referente a los 3.400 puesto que se elegían, contando las ocho gobernaciones, los 128 senadores, 500 diputados y 1.597 presidencias de ayuntamientos, entre otros. A México le espera una larga transición de cinco meses, quizás una tarea adeudada a cumplir junto al legislativo, la de acortar el tiempo de transición; en la que convivirán dos presidentes: el que deja su cargo plagado de críticas, con un bajo índice de popularidad, alta violencia social e innumerables acusaciones de corrupción que rozan hasta a su propia esposa. Y un presidente electo que debe demostrar que él no acarreará errores de sus antecesores, que a pesar de ser de izquierda no cargará vicios representativos de su partido, más precisamente en el ámbito económico y social, y que, cumplirá con su anhelo que manifestó en la última frase de su discurso de agradecimiento frente a su gente: “Quiero pasar a la historia con un buen presidente de México”.

 

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