Terrorismo de Estado en Nicaragua

En la historia política de Nicaragua siempre ha sido una constante el mito del mesías del estado, del redentor que se convierte en caudillo. Lo fueron los conservadores, lo fue Zelaya, la dictadura de los Somoza y el Sandinismo en la década de los 80s cuando derrotó el pueblo al último de los Somoza en el poder. Fue el 19 de julio de 1979. Daniel Ortega Saavedra prometió en 1990 gobernar desde abajo cuando fue derrotado en las elecciones de febrero de ese año. Regresó al poder el 10 de enero del 2007 y desde ahí todo ha sido distinto.

 

 

Los 19 tienen con los dictadores en Nicaragua algo en contra. Un 19 de abril de este año, Daniel Ortega Saavedra comienza a vivir una de las crisis políticas más complejas de su gobierno. Casi a lo inmediato de su ascenso, Ortega obtuvo el control de los Poderes del Estado, de las instituciones, del Ejército y la Policía; estos últimos son quienes lo sostienen en el poder.

 

Las protestas iniciaron por las reformas a la seguridad social que se pretendían imponer. Esto hizo que los estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA) de la Compañía de Jesús iniciaran las protestas que fueron reprimidas con piedras y balas de gomas ocasionando un buen número de heridos y daños a la infraestructura del campus. ¿Quiénes lo hicieron? La Policía Nacional con ayuda de grupos paramilitares que en el país se le denominan turbas allegadas al partido de gobierno.

 

Al día siguiente se unieron más universidades como la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), la Universidad Nacional Agraria (UNA) y la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI). En la UNA hubo un joven que perdió el ojo tras una bala de goma, comenzaron la lista de muertos, jóvenes que en las débiles barricadas –levantamiento de adoquines para protegerse durante la represión-, a los cuales la vicepresidenta comenzó a desprestigiar como delincuentes, vándalos y una campaña de desacreditación que alcanzó hasta la jerarquía eclesiástica del catolicismo.

 

Los muertos ya suman más de 110 en más de cuarenta días de protestas. El decreto del INSS fue revocado y el Gobierno llamó a un diálogo nacional que tuviera como mediadores y testigos a la Iglesia Católica. El Gobierno continuó antes, durante y ahora con la represión de la policía en la capital, Masaya, Tipitapa, León que eran los bastiones históricos del sandinismo. El diálogo nacional exigía justicia para los fallecidos y la democratización de Nicaragua que implicaba a lo inmediato el adelanto de las elecciones nacionales las cuales están programadas para noviembre de 2021. El diálogo fracasó ante la falta de voluntad gubernamental de aceptar cuatro condiciones que exigía la Conferencia Episcopal para poder sentarse a dialogar los universitarios, sociedad civil, campesinos, empresa privada que formaron la Coalición Cívica por la Justicia y la Democracia frente a la delegación del genocida gobierno encabezada por el Canciller Denis Moncada Colindres.

 

El pueblo ha utilizado los tranques como medida de presión fuerte para paralizar el transporte y el comercio. En los tranques se encuentran auto convocados y campesinos con la única intención de desmontar la dictadura Ortega-Murillo. El gobierno se ha opuesto a los tranques y ha mandado a atacarlos con antimotines vestidos de civiles. Han incendiado instituciones, mercados, colegios, cooperativas, saqueado bancos con la única intención de desprestigiar la lucha que se ha venido librando con el crimen organizado que emana de las órdenes de Daniel Ortega.

 

La economía del país viene en decaída con el golpe que se le ha dado al sector turismo. Hay recortes de personal, cierre de negocios, pérdidas cuantiosas que el pueblo de Nicaragua asume sufrirlas con tal que Daniel Ortega salga del poder por la vía electoral. Una intención que parece estar fuera de la agenda de Ortega al no ceder a las demandas de la población.

 

El 30 de mayo se celebra el día de las madres en nuestro país. El Movimiento de las Madres de Abril organizó una marcha para ese día en Managua. La marcha abarcó más de 5 kilómetros de gente en ambos carriles en una de las principales avenidas de la capital. Al finalizar la marcha, Ortega mandó a sus atacantes y las madres vieron morir a sus hijos. Ortega sigue manchando de sangre el suelo nicaragüense.

 

Han pretendido sitiar ciudades con la finalidad de controlar la situación ocasionada por el mismo gobierno represor. Ortega ha quedado como el incapaz de seguir al mando del Ejecutivo y exigimos su inmediata salida para lograr la estabilidad que tanto nos ha costado a los nicaragüenses.

 

Álvaro Conrado, un niño de quince años al que mataron con una bala en su garganta, antes de morir consiente dijo: “Me duele respirar. No me dejen morir. No quiero cerrar los ojos”. Este niño, junto con otros tres menores más, se han convertido en íconos de la lucha, junto al periodista Ángel Gahona que murió con un certero disparo en su cabeza por francotiradores, justo cuando ejercía su labor periodística, misma que Ortega ha censurado y reprimido con el fin de que nadie se entere de la realidad en la que vivimos.

 

La visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y de Amnistía Internacional vinieron a corroborar lo que los nicaragüenses sabemos: Ortega nos mandaba a matar a todo aquel que levantara la bandera del país, lo que se ha convertido como delito. La Ministra de Salud, Sonia Castro dio orden de no atender a los heridos de las protestas en las unidades públicas del sistema de salud. La complicidad que ha tenido el régimen hace que cada día repudiemos los actos de funcionarios que intentan justificar las actuaciones del gobierno, enemigo de las libertades individuales.

 

Al igual que Álvaro Conrado, a Nicaragua le está doliendo respirar mientras Daniel Ortega siga en el poder. El pueblo, que desde sus inicios apoyó esta causa, seguirá en las barricadas, con sus pequeñas defensas frente a las balas y gases lacrimógenos del genocida represor. Tenemos la confianza de que venceremos al dictador, sabemos que cada día llega el fin de un gobierno que dispara a matar.

 

*Manuel Sandoval Cruz es estudiante universitario y coordinador local de Estudiantes por la Libertad Nicaragua.

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