200 años y 100 millones de muertos después

6 May 2018

Este sábado se cumplieron 200 años del nacimiento de Karl Marx, nacido en Tréveris, en el oeste de Alemania. Era hijo de un exitoso abogado de origen judío, estudió leyes en Bonn y Berlín y en 1841 recibió el doctorado en filosofía de la Universidad de Jena.

 

En 1848 Marx publicó El Manifiesto Comunista y en 1867, El Capital; probablemente sus obras más conocidas. Sin embargo, una obra menos conocida pero la que más detalla el macabro ideal de sociedad que pensaba este personaje es Crítica del Programa de Gotha. En ese escrito, Marx establece las 3 fases que la sociedad atravesará para llegar al comunismo. 

 

En primer lugar, habrá una fase de transición. Transición del Capitalismo al Socialismo, según expone Lenin. En esa fase, los trabajadores toman por la fuerza el poder y se cambiarán los modos de producción mediante la apropiación estatal, ahora en manos de la dictadura del proletariado, de los medios de producción. No importa si esto implica una eliminación total de las libertades individuales. La libertad, para los Comunistas, es el mal a eliminar. 

 

Luego, le seguirá la segunda fase: Socialismo. Según el propio Lenin, el Socialismo es la etapa previa al Comunismo. Con lo cual, no podrá haber Comunismo si antes no hay Socialismo. Podemos entender un poco a donde nos quieren llevar los socialistas del Siglo XXI. En esta fase, dado que se está armando todavía la nueva forma de producción, los trabajadores recibirán compensación mediante certificados de cantidades de trabajo. Es decir, no se cobrará según las necesidades, sino según las capacidades. 

 

En la tercer fase, la que Marx llama "fase superior del comunismo", el Estado ya no es necesario y el dogma ahora es "de cada cual según sus capacidades, a cada quien según sus necesidades". Es decir, los hombres que trabajaron, por ejemplo, 40 horas a la semana estarán dispuestos a recibir lo mismo, o menos que aquellos que trabajaron 10 horas a la semana. En ningún momento explica él como se llegaría a que el hombre abandone toda pista de amor propio y se subordine a la voluntad y el bien colectivos. 

 

La realidad es que para que esto se aplique se requeriría una ingeniería social de enormes magnitudes solo posibles a través de la violencia más cruel y la tortura psicológica. Sin embargo, dado que el hombre es incapaz por naturaleza de llegar a este estadio, nunca se pudo ni podrá llegar a esta fase. La historia así lo ha demostrado. Nunca se pudo llegar a una sociedad sin Estado. En primer lugar porque una vez gobernantes, la izquierda no quiere abandonar el poder y los privilegios que se ha otorgado; y en segundo lugar, porque llega un punto donde la sociedad se harta de tanta violencia y cercenamiento de las libertades individuales y se alza para volver a recuperar la autodeterminación. 

 

Marx fue el creador de una ideología carente de todo sentido y explicación. La sangre derramada está en las manos de aquellos que tomaron esa idea y la llevaron a la práctica sabiendo que sólo causaría muerte, escasez y hambre. Marx murió sin haber visto nunca como se llevó a la práctica su teoría. 

 

“Karl Marx fue, entre millones, realmente el único que, con visión de profeta, descubriera en el fango de una Humanidad paulatinamente envilecida, los gérmenes del veneno social, agrupándolos, cual un genio de la magia negra, en una solución concentrada, para poder destruir así, con mayor celeridad, la vida independiente de las naciones soberanas del orbe". Esta frase podría ser acuñada a Chavez, a Castro, a Stalin, a Lenin, incluso a Maduro. Sin embargo, tan sanguinaria idea no podía ser tomada sino alguien igual de sanguinario (no que algunos de los personajes anteriores no sea sanguinario también). La frase puede encontrarse en el libro "Mi Lucha", escrito por Adolf Hitler. 

 

Es de hecho el socialismo, con agregados de un nacionalismo cruel, la ideología que envuelve a Hitler. La izquierda ha sido muy hábil en endilgarle a la derecha y al capitalismo este engendro de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, si se observan algunos de los 25 puntos del Programa nazi (Asamblea de Hofbrauhaus. 1920), se podrá encontrar lo siguiente: "El primer deber de todo ciudadano debe ser producir, espiritual ó corporalmente. La actividad del individuo no ha de contravenir los intereses de la colectividad, sino que ha de desarrollarse dentro del marco comunitario y en provecho de todos. Se abolirán las ganancias obtenidas sin trabajo y sin esfuerzo. Quebrantamiento de la servidumbre del interés. Nacionalización de todas las empresas monopólicas y de los trusts; la participación en las ganancias en las grandes empresas. Exigimos una ampliación generosa de la asistencia social a la vejez; reforma agraria adaptada a nuestras necesidades nacionales; la creación de una ley para la expropiación gratuita de tierras para fines de bien común; la lucha implacable contra aquellos que con su actividad perjudican el interés común". ¿Se podrá asemejar esto al capitalismo que podríamos encontrar en países como Estados Unidos o algo mas parecido a lo que sucede en Venezuela o Cuba? 

 

Hitler es sólo uno de los ejemplos de cómo se han escondido los muertos por parte de la izquierda socialista a lo largo de la historia reciente. El "Libro negro del comunismo" cifra en cien millones los muertos por represión en los distintos regímenes comunistas. 65 millones de personas perdieron su vida en China, especialmente durante las dos oleadas de represión masiva. Le sigue la Unión Soviética, con un genocidio de 20 millones de personas; a lo que hay que sumar otros dos millones de muertos a manos del Gobierno en Camboya; miles en Corea del Norte; 1,7 en África; 1,5 en Afganistán y un millón de personas en la Europa del Este. Podemos agregar también a la lista los miles de muertos (y exiliados) en América Latina por represión, escasez, hambre y atentados en los regímenes de los Castro, Chavez, Maduro y otros. 

 

Ante toda esta sangre derramada y la evidencia de que el socialismo, y por consiguiente el comunismo, es un proyecto fallido, no se entiende por qué muchos Gobiernos todavía claman por ideas colectivistas que sólo traen miseria a su pueblo. El colectivismo es un mal que debemos arrancar de nuestra sociedad cuanto antes y educar a los pueblos libres en la importancia de las libertades individuales y el progreso personal para que cada ciudadano sea capaz de pararse en sus propios pies, sin depender de ningún Estado para lograr vivir con dignidad. 

 

 

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