Seamos hipócritas, después no importa nada

26 Mar 2018

Una vez más llegó un 24 de marzo a nuestro país. Atípico, porque las organizaciones que se reúnen y hacen actos (que parecen festejos, más que una conmemoración de algo que supuestamente no quieren que pase “nunca más”) no lograron frenar el tránsito ni arruinarle el día a ninguna persona en el camino a su trabajo: el día del aniversario del inicio del Proceso de Reorganización Nacional cae sábado. Eso le resta marketing a un día tan tergiversado como la mayoría de nuestra magnífica historia.

 

 

El 24 de marzo se reclama “Memoria, verdad y justicia” por los supuestos 30.000 desaparecidos. Digo supuestos, porque no hay investigación que pueda sustentar esa cifra. Y además porque hay una persona que también perdió un hijo en esos años llamada Graciela Fernández Meijide, que utilizó su dolor para descubrir la verdad y terminó escribiendo un libro llamado “No fueron héroes” en el cual explica que la cifra asciende a 8.000 y que no fueron santos idealistas como nos quieren hacer creer, e incluye a su propio hijo. Esa es la grandeza de una madre que con todo su dolor, encontró la verdad.

Se reclama memoria, verdad y justicia por personas que en su gran mayoría lo que mejor sabían hacer era matar a aquellas personas de carrera militar y a sus familias incluso con el mismísimo Perón como presidente (es decir en DEMOCRACIA). Pero nadie reclama por el derecho a vivir e incluso a ser juzgados que tenían los militares y demás civiles asesinados.

 

Esas organizaciones son las que “resguardan” los derechos humanos, que cada vez es un concepto más siniestro. Porque al mismo tiempo que reclaman por las muertes provocadas por la dictadura, jamás han pedido justica por los muertos provocados por los guerrilleros que en nombre de una ideología asesinaban a sangre fría, juzgaban en nombre de un pueblo que supuestamente los apoyaba, y que afirmaban que con el asesinato de los “gorilas” el pueblo salía a brindar (palabras de Roberto Perdía, líder número 2 de la organización Montoneros).

 

Estas organizaciones de izquierda son al mismo tiempo aquellas que piden aborto legal. Es decir: hacemos un desastre en la Plaza de Mayo para reclamar por personas (muchísimas que odiaban a la Patria y a sus instituciones) pero al mismo tiempo le reclaman a ese mismo estado “represor” que les financie el genocidio de personas por nacer. Todo eso, al mismo tiempo que reclaman por supuestos desaparecidos (lista de nombres que JAMÁS ha sido presentada por las tantas organizaciones de izquierda).

 

Todos pedimos a gritos que se reduzca el gasto público, que se eliminen subsidios innecesarios, que se reduzca la presión fiscal, pero tan liberales parece que no somos, ya que exigimos al estado que se haga cargo del asesinato de bebés en el vientre materno con los impuestos que pagamos todos. Fue un escándalo la revelación de lo que gasta el Estado en los obispos que son el resguardo de los pocos vestigios de la tradición y raíces de nuestra Argentina, pero no nos indignamos por el presupuesto que se destinaría a eliminar seres vivos en gestación. Estos futuros desaparecidos a estos tipos de personas no les importan. Afirman que no son seres vivos, pero estoy segura de que jamás se sentaron a presenciar un aborto. Uno en el cual se ve con claridad cómo las partes del bebé son desmembradas una a una, cómo el bebé intenta gritar y escapar de su asesino en el vientre de su mamá, y finalmente cómo el “médico” (si, entre comillas porque quien mata ya no es más un médico) tiene que reunir todas las partes del bebé para corroborar que no haya quedado nada dentro del útero. ESO ES UN ABORTO.

 

¿Y por qué relaciono todo esto? Por la doble moral en la cual nos encontramos sumidos. El 24 de marzo se conmemoran vidas, vidas que fueron interrumpidas (tanto la de los guerrilleros como la de los militares y otras víctimas inocentes que fueron asesinadas de ambos lados) y nuevamente se grita el famoso nunca más. Porque cada vida vale, incluso la de aquellos que cometen atrocidades. Sin duda que deben sufrir por el daño causado, pero en aras de su pronta reconversión e inserción en la sociedad. O al menos ese es el objetivo principal de la reclusión por ejemplo en las cárceles.

 

Obviamente que todo se ha tergiversado, pero el objetivo último no ha cambiado al menos por ahora. Esas personas de ambos lados merecían seguir con vida. Tanto aquellos de quienes se desconoce el paradero como aquellos militares que han excedido su accionar en la defensa de la patria. Ellos tuvieron su castigo, (o venganza) con los juicios. Los demás siguen libres, orgullosos de lo que hicieron y engrosando las filas de la izquierda, aquella izquierda que con el “Ni una menos” como bandera (haciendo visible la violencia que sufren muchas mujeres), también piden “por favor Papá Estado: dame plata para matar a este bebé” solamente con la afirmación de que “fui violada” sin someter eso a la mínima prueba.

 

Ni una menos para algunas, no para todas. Y mucho menos si sos católica. Ese tipo de mujeres sí merecen violencia según esta concepción. Como pasó en La Pampa, en donde una chica fue brutalmente golpeada por grupos feministas por colgar carteles a favor de la vida del no nato.  Esas mismas personas tienen en su perfil las siguientes imágenes: una foto de Santiago Maldonado, una que dice “aborto legal para que no salga como Macri”, frases sobre lo terrible que fue el accionar de Chocobar, una foto de Carloto o Bonafini y una sobre algún chiquito down por el día internacional el pasado 21 (cuando el proyecto contempla el asesinato hasta los 9 meses en caso de tener alguna malformación congénita). Todo eso junto. ¡Y afirman ser ellos mismos los protectores de la moral y de la vida! ¿Cómo se entiende entonces que hayan paralizado un país dos meses buscando la aparición CON VIDA de un ser humano que lamentablemente la perdió, y que al mismo tiempo exijan como DERECHO poder quitarse al hijo de sus entrañas? ¡Seamos hipócritas! Después no importa nada (para parafrasear al padre la patria)

 

Por poner un ejemplo: España (un país que tiene el tamaño de una provincia nuestra) en 2015 destinaba 50 millones de euros ÚNICAMENTE a financiar abortos, es decir, LA MITAD del presupuesto de Argentina 2018. Y esto es un número de 2015 en la península. No escuché a nadie criticar esto. Todos critican los planes sociales, el gasto en la deuda, etc. Pero a la hora de pedirle a papá estado, todos estamos de acuerdo.

 

En este caso entonces me atrevo a pedirle. Pido que se respete a nuestra carta magna, que dio a los pactos internacionales carácter constitucional en la última reforma. El pacto de San José de Costa Rica reconoce como persona a todo ser humano a partir del momento de la concepción, con derecho a la vida, la que debe ser protegida por ley, y de la cual nadie puede ser privado arbitrariamente (artículo 4.1). También la aprobación del aborto violaría la Convención sobre los derechos del Niño en los artículos 1 y 6.1 en donde se afirma que niño es “todo ser humano DESDE EL MOMENTO DE LA CONCEPCIÓN y hasta los 18 años”. También violaría el inciso 23 del artículo 75 de la Constitución Nacional porque éste garantiza el derecho a la vida DESDE EL EMBARAZO. Y también violaría el artículo 19 del Código Civil que declara la existencia de la persona humana desde la concepción. Toda esta bibliografía está a la mano de cualquiera, no son inventos de la Iglesia Católica. Y es biología por sobre todo. Las mujeres no conciben seres no humanos, que mágicamente después de 14 semanas se convierten en personas. Y si no fuera una persona ¿para qué necesitan un aborto?

 

Entonces. O conmemoramos el 24 de marzo, y a todas las víctimas del régimen anterior y posterior. O nos convertimos en un país que asume el asesinato como algo natural. Tanto aquel provocado por el accionar de un policía, de un chorro, de un militar o un guerrillero. Pero si aceptamos que eso hay que recordarlo y pedir nunca más, también pidamos ni uno menos para absolutamente todos. Y respetemos todas las vidas, incluso las que cometen errores. Esa es la grandeza del ser humano. Ahí radica nuestro mayor valor.

 

Memoria, verdad y justicia. Pero completa. Y para todos. Desde la concepción. Y hasta la muerte natural. Después de todo la concepción y la muerte natural son las dos cosas que nos unen a todos como seres humanos.

 

*Carla Nicole Alegre Magliocco es Licenciada en Ciencias Políticas (UCA) y Analista de presupuesto en el Ministerio de Hacienda GCBA

 

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