No hay peor esclavitud para el ser humano que la impositiva

18 Mar 2018

La presión tributaria total en Argentina, incluyendo las tasas de los municipios, llega al 34% del PBI. En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos es del 34,4%. Sin embargo, en algunos casos, en nuestro país puede ser mucho más alta. Es una carga agobiante para los ciudadanos y, definitivamente, es un freno para las inversiones. 

 

 

No obstante, cabe preguntarse, ¿cómo no tener una presión impositiva tan alta cuando los contribuyentes cargamos sobre nuestros hombros el peso de un Estado sobredimensionado, ineficiente y que no para de crecer? ¿Cómo no tener esa carga impositiva cuando tenemos que mantener a todos los que disfrutan de sus privilegios gracias al esfuerzo con el cual pagamos nuestros impuestos? 

 

Mucho se ha comentado ya en estos editoriales los privilegios de los que gozan los funcionarios públicos, como coches, viáticos, etc. Ahora se suma, por si fuera poco, la Iglesia Católica. 

 

No es el fin de este editorial ir en contra de la Constitución Nacional, que en su artículo 2 habla sobre cómo el Estado fomentará el culto católico. Sin embargo, cabe destacar que la Constitución no establece ningún tipo de financiamiento. No fue sino a través de una ley sancionada en la dictadura militar de 1976 que se empezó a financiar a la Iglesia, con sueldos a obispos y a otros rangos de la entidad eclesiástica. 

 

Hoy esa suma llega a los 130 millones de pesos al año. El lector podrá pensar que esa cifra es insignificante. Y tiene razón. Lo es. Pero no es la cifra lo que importa, sino lo que significa. Moseñor Aguer afirmó que ese dinero es necesario porque hay una "deseducación" en los fieles y las limosnas son "miserables". 

 

Estamos frente a un típico argumento socialista. Es, casualmente (o no tan casualmente), el mismo que esgrimen los empresarios prebendarios proteccionistas. El mercado no los elige, entonces el Estado tiene que financiarlos para que no quiebren. En este caso, el mercado de la Iglesia Católica son los fieles. Así como no es posible defender el proteccionismo dado que las preferencias de los consumidores son sagradas y si ellos no han elegido la empresa, ¿con qué derecho el Estado toma por la fuerza el dinero que los consumidores han elegido no gastar en esa empresa y lo otorgan igual de manera inescrupulosa? 

 

Con ese mismo argumento, tenemos el deber ético de preguntarnos: ¿Con qué derecho los judíos, ateos, budistas, evangelistas y ciudadanos pertenecientes a otros credos deben ver como sus ingresos son arrebatados de sus bolsillos para sostener a una entidad que no los representa? 

 

En la misma línea, tenemos el insólito caso de los jueces. Se estima que el Estado Nacional deja de recaudar 7 mil millones de pesos al año por el hecho de que los jueces no paguen ganancias. Aparentemente, el siglo XXI es una ilusión y seguimos viviendo en la época feudal donde hay algunos que tienen privilegios sobre otros y un juez es un ciudadano de primera categoría y todos los demás somos ciudadanos de segunda y por eso debemos resignar más de nuestros ingresos. Esto nos convierte en esclavos tributarios. 

 

Como corolario, tenemos el desagradable caso de Cristobal Lopez. El hombre evadió 8 mil millones de pesos de impuestos. Este viernes fue puesto en libertad. 

 

Se podría pensar que se esta haciendo una defensa del cobro de impuestos. Todo lo contrario. Sería bueno que el impuesto a las ganancias no existiera o que existiera un flat tax, como en muchos países, y que fuera pagado por todos y no que un grupo tenga más derechos que otros. También sería ideal que Cristobal Lopez no tenga el derecho de dejar de pagar 8 mil millones de pesos de impuestos mientras que el Gobierno contrata consultoras para espiar ciudadanos por Twitter y corroborar si sus vacaciones y publicaciones condicen con lo que declaran de ingresos.

 

Todo esto no es nada favorable para nuestra economía. ¿De verdad quieren atraer inversiones con un poder político y judicial con privilegios, que favorece a empresarios prebendarios mientras los ciudadanos de a pie y empresarios honestos cargan sobre sus hombros el peso de nuestra aberrante presión impositiva? Señores Gobernantes ¡que invierta su perra madre!

 

 

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