Defender a Uber es defender la libertad

18 Feb 2018

Argentina es un caso único en el mundo. El 6% de la población vive en la indigencia, casi 30% de la población es pobre y hay un 8,3% de desocupación. Adicionalmente, casi el 40% de la economía está en condiciones informales. Aún con este escenario, nos damos el lujo de prohibir y perseguir a aquellos que dan trabajo.

 

 

Es el caso de la empresa Uber, que hace unos años batalla en la Ciudad de Buenos Aires. Es extraño, ¿no? Nos jactamos de ser un país federal, mas Uber no puede circular en ningún lado del país, a pesar de estar prohibido sólo por la Justicia porteña. 

 

Sin embargo, el caso de Uber desafía mucho más que solo un mero caso comercial. Enfrenta a los verdaderos conservadores, aferrándose a sus privilegios, y a los políticos que los protegen; contra los que buscamos un comercio, e incluso una sociedad, más libre. 

 

Hemos entrado en una nueva era. La tecnología surge como un medio para facilitar el intercambio, mejorar la producción y hacer crecer a la economía. Esto volverá a las sociedades que acepten el cambio, sociedades poderosas y productivas. No obstante, aquí discutimos si es correcto o no, permitir que una empresa más productiva desplace a otra que no lo es. O si es correcto o no que una empresa desaparezca si los consumidores no la eligen. 

 

Los taxistas no tienen la culpa. No son más que peones peleando la batalla de un sindicalista que quiere ser el líder de un perverso monopolio otorgado por el Estado, amparado por una Justicia que no hace más que defender estos privilegios monopólicos, perjudicando a los consumidores de la Ciudad de Buenos Aires, y de todo el país.

 

¿Qué tiene de malo que entre un competidor más? La competencia fomenta la productividad porque nos impulsa a ser cada vez mejores. Si el monopolio es otorgado por el Estado y no puede removerse, no hay motivo ni razón para crecer o ser más productivos. Esto sucede con el servicio de taxis en la Ciudad. 

 

Más allá de este punto, Uber está cumpliendo una función social y económica enorme. Empresas cierran en este país, Uber acoge a muchos empleados de estas empresas para que puedan volver a tener un ingreso. Sumado a esto, tenemos el caso de la diáspora venezolana. Hermanos de Venezuela llegan a nuestro país y encuentran en Uber una salida laboral rápida y con buenos ingresos que los permite salir de la miseria por la que abandonaron su país. 

 

Sería bueno que Horacio Rodríguez Larreta y la Justicia porteña dieran explicaciones sobre qué intereses los mueven a la hora de prohibir la libre competencia y beneficiar a un monopolio de un sindicalista mafioso. 

 

Una vez más, el Estado contra los consumidores. La Corporación Política protegiendo a la Corporación Sindical. No sólo nos esquilman a impuestos, sino que además disminuyen más nuestro poder adquisitivo haciéndonos pagar más, cuando podríamos estar destinando ese dinero a otras áreas de la economía. 

 

¿Vamos a permitirlo mucho tiempo más?

 

 

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