Trump y la argentinidad al palo

11 Feb 2018

"Denuncias de traición en el partido opositor por no aplaudir los discursos de Presidente de Estados Unidos. Desfiles de armas a través de la capital de la nación. Amenazas presidenciales a la prensa y a la aplicación de la ley. Proteccionismo y falta total de restricción fiscal. Me preocupa la argentinización del gobierno de los Estados Unidos", expresó en su cuenta de Twitter Lawrence Summers, quien fue secretario del Tesoro entre 1999 y 2001 bajo la presidencia de Clinton y encabezó el Consejo Nacional de Economía de los Estados Unidos en los inicios del gobierno de Barack Obama entre 2009 y 2010.

 

 

¿Cómo enojarse frente a semejantes dichos? ¿Cómo sentir que este demócrata se equivoca al comparar esas actitudes de Trump con Argentina cuando analizamos el pasado reciente? 

 

Esa es la imagen que supo construir el kirchnerismo en 12 años de mandato. Nos alejamos de Estados Unidos, rechazando un área de libre comercio, con Chavez a la cabeza, y nos acercamos a Venezuela; a Libia, con su dictador Muamar al Kadafi; y a Rusia, con Vladimir Putin. 

 

Capítulo aparte merece la relación con la República Islámica de Irán y el vergonzoso Memorándum de Entendimiento que pretendía encubrir el atentado a la AMIA, denunciado por el asesinado Fiscal Nisman.

 

En lo económico, deshonramos nuestras deudas y declaramos un default bajo presidencia peronista que fue aplaudido en el parlamento y fue continuado durante el kirchnerismo. 

 

Nos cerramos en materia comercial para fomentar "la industria argentina" y desaprovechamos unos de los escenarios más favorables que tuvo nuestro país para salir de la decadencia. Ingresos récord por exportación de materia prima dilapidados en medidas populistas.

 

No tuvimos ningún tipo de responsabilidad fiscal. Se aumentó el gasto público a niveles nunca antes vistos. Se congelaron las tarifas, lo que generó, no sólo una distorsión de precios, sino, además, una forma de vida ficticia para la clase media que hizo insostenible la provisión de los servicios y la inversión. Pagamos los costos hasta el día de hoy. 

 

Siguiendo el manual populista, Cristina Kirchner transformó en enemigo público a la prensa independiente. Persiguiéndola e intentando acallar voces. Imágenes de una Plaza de Mayo con un stand para que niños puedan escupirles a fotos de periodistas y figuras opositoras deben estas viniendo a la cabeza del lector en este momento. Además, con la AFIP como policía fiscal, persiguió y cooptó a muchos. 

 

El Gobierno de Donald Trump podrá ser o no populista en algún sentido. Analizar su comportamiento no es el fin de este editorial. Sí lo es el hecho de que mencionen todas esas características y lo califiquen de argentinización. 

 

Esa es la imagen que el mundo tuvo de nosotros por muchos años. Esa imagen es la que de a poco debemos intentar borrar. El Gobierno de Cambiemos esta recomponiendo esas relaciones. Argentina preside el G20 y se intenta insertar nuevamente en el mundo. Quizás no de la manera más abierta como esperábamos del Presidente Macri, quien parece no poder resistir del todo las presiones de los empresarios proteccionistas de la Argentina. 

 

Y si bien seguimos siendo muy irresponsables en lo fiscal y económico, los demás componentes mencionados ya no se ven en nuestro país. Se están, de a poco, recuperando las instituciones y las bases de la República. 

 

Por otro lado, hay sectores que representan lo más rancio de las políticas que nos llevaron a esta decadencia que parecen obsesionados con no perder sus privilegios y trabajan a fondo para lograr su objetivo. Esa clase de dirigencia política no ayuda a que la mirada que el mundo tiene de Argentina mejore. En plena Cumbre de la Organización Mundial de Comercio, nos encontrábamos con enfrentamientos pocas veces vistos frente al Congreso Nacional. No es esa la vidriera que muestra estabilidad política. 

 

El mundo, sin embargo, nos ve con otros ojos y parece tenerle más paciencia al gobierno que los propios argentinos. Grandioso sería ver a Cambiemos liderar la batalla cultural, política y económica para colocar a Argentina como potencia en América Latina para que finalmente, esa imagen que la comunidad internacional tiene, ahora, de nuestro país, se traduzca en inversiones, progreso y desarrollo para sus habitantes. Esto sólo ocurrirá si se lanzan medidas económicas de fondo y de largo plazo como achicar el peso del Estado, reducción de impuestos y apertura comercial. 

 

 

 

 

 

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