Es la educación la base de la civilización

8 Jan 2018

“En el país se necesitan cada vez más maestros y mejor preparados. Sin embargo, el 55% de los estudiantes que ingresan en los centros de formación docente abandonan la carrera durante el primer año de cursada y la tasa de graduación no alcanza el 30%” La Nación 05-01-2018

 

Con profundo pesar, recibimos la noticia de que, con el Cardenal Mario Poli a la cabeza, se le pidió al gobierno porteño que no continúe el proyecto de ley para crear la Universidad Docente. Seguimos yendo contra el mundo y contra los países que son líderes en educación: “en Finlandia, todos los maestros pasaron por la universidad” leíamos en La Nación en 2006 y en el mismo país hay 8 institutos docentes; en Argentina hay 1500. 


A continuación, intentaré refutar cada uno de los argumentos esgrimidos, continuando con mi postura a favor de todo lo que quiera mejorar la calidad de la educación, y especialmente con aquella referida a la formación de los docentes, en cuyas manos está el futuro de los que continuarán con el país.


En la carta dirigida a Horacio Rodríguez Larreta se acusa al proyecto de la UniCaba de generar una “racionalización centralista”: parecería que recién ahora ven que la Ciudad de Buenos Aires es la metrópoli por excelencia de un país que se dice federal. La UCA (a la cual le tengo una admiración y cariño inmenso al ser mi casa de estudios) se encuentra en el corazón de la Ciudad y su sede más cercana está en Rosario. Podría esgrimir a su favor que la misma fue fundada en 1958, mucho antes de que a la Ciudad se la considere autónoma. Pero ¿no fue acaso también una decisión “centralista” como se expresa en la carta, erigir la Universidad Católica en este lugar de la Argentina? Personalmente considero que no está mal, ya que la Provincia de Buenos Aires en su totalidad es la que mayor cantidad de población tiene, y específicamente la Ciudad, es la que está padeciendo la falta de docentes. Desde esta perspectiva, la racionalización centralista es una crítica infundada.


A continuación, leemos que la UniCaba generará “uniformidad de la formación docente”, un “empobrecimiento de la libertad y diversidad” y un “reduccionismo al llevar la formación hacia la universidad”. Entendemos que con esto se refieren a que, al subsumir los otros institutos de formación, se estarían delimitando en un solo lugar, los contenidos que se brindarán en las clases. Es decir, lo mismo que sucede en los 29 institutos por los que supuestamente están luchando: cada uno de ellos decide (según la misma carta, en comunidad) los contenidos que se brindan a lo largo del ciclo.

 

Paradójico ¿no? Mismos institutos en donde se habla en contra de la Iglesia, se fomenta el separatismo o grieta a nivel nacional, se fomenta el aborto, el odio contra el hombre disfrazado de una supuesta lucha de los derechos de la mujer, entre muchas otras aberraciones. Entonces la pregunta es la siguiente ¿qué es peor? ¿Defienden la supuesta “autonomía”, la supuesta “libertad” o las “ideas” con la que estas instituciones están cooptadas? ¿O es mejor una universitas, es decir una institución en donde la educación sea integral y universal? Y para continuar con mis chicanas, esto sucedía allá por 2013, y si la memoria no me falla, nadie dijo absolutamente nada:
 

 
Pareciera ser que a la Iglesia de Bergoglio (que es muy distinta en esencia a la Iglesia que se construyó hasta la lamentable abdicación del Papa emérito Benedicto XVI), le importa únicamente la crítica a un gobierno que está lidiando con los pedazos de un país roto dejado por el kirchnerismo.


El punto siguiente tiene que ver con el “desmantelamiento de institutos superiores”: no se encuentra especificado esto dentro del proyecto de ley, pero se puede dar por entendido, al afirmar que se trasladará a los profesores de esos institutos a esa nueva universidad. ¿Qué mayor crecimiento para un docente que poder enseñar en un instituto mucho más elevado, uno que reúna en sí mismo a todos los demás? Pero no. Por lo que se puede entender de esta carta, la idea es seguir manteniendo con el presupuesto público a 29 institutos, (mismos que por cada palabra del gobierno hacen una semana de paro), en lugar de uno solo, en donde se exija a los futuros MAESTROS un nivel universitario. Y escribo MAESTROS porque es increíble que no se entienda la dimensión de ese título: son aquellos que le enseñan desde lo más básico, hasta aquellas cosas que antes eran potestad de la familia, a los más chicos: aquellos que los FORMAN. Nada más y nada menos. Intento encontrarle el sentido: quizás tiene que ver con la cercanía a los institutos, con la cantidad y variedad, con el sentido de comunidad. Cosas que ya prácticamente no existen, y que estos mismos institutos consideran como valores “retrógrados fomentados por la Iglesia”. Sigo pensando y no encuentro respuesta. Y para completarla, busco un poquito de información acerca del porcentaje de graduados de estos tan afamados institutos, y me encuentro con el siguiente gráfico: 
 

 Fuente: CEDES


Como se observa, de casi 430.000 alumnos cursando, se egresan menos de 45.000. Y según Télam solamente el 2% de los estudiantes de institutos docente se recibe en término. Sigo preguntándome entonces dónde está lo grandioso de estos centros de formación. 


Un anteúltimo punto tiene que ver con la “omisión de consultas”. Vivimos en una democracia, es cierto. Pero también es verídico que “el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes” (Art. 22 de la Constitución Nacional). Entonces, ¿por qué hay que consultarle a gente que no sabe del tema para proceder o no con una universidad? En todo caso, debería consultarse a los expertos, pedir asesoría internacional y nivelar hacia esos estándares. No con gremios que con frases armadas pretenden quedar como grandes educadores. Algo así como pedirle a un médico que consulte conmigo antes de proceder a operar, como si mi opinión influyera en algo en la certeza ciencia. Creo que estamos todos de acuerdo en que es mejor dejar que hablen los que saben.


La última crítica dice que el proyecto “no tiene en cuenta el contexto histórico, institucional y pedagógico del subsistema formador superior”. Algunos datos:


“El 46,4% de los alumnos de 5° y 6° año del secundario no comprende un texto básico, mientras que el 70,2% no puede resolver cuentas o problemas matemáticos muy sencillos. En el área de naturales, el 36,3% tuvo el rendimiento más bajo, mientras que en sociales fue del 41,1%”

 

  
Fuente: OCDE


Creo que no hace falta aclarar que SÍ estamos en un momento en donde se está prestando gran atención al contexto educativo que estamos viviendo. Los números muestran el grado de deterioro de aquellos que no tienen la culpa: los chicos.


Desde la asunción de Bergoglio como Papa, la mayor parte de los católicos estuvimos muy en contra de todos sus dichos. Y los que queremos que el país crezca y deje atrás tantos años de maltrato, exigimos siempre un poquito más de cordura, de raciocinio, o sino, de silencio, porque fomenta todo aquello que con tanto esfuerzo intentamos erradicar del país, por una simple razón: queremos que Argentina crezca, reducir la pobreza, que haya más empleo, más cantidad de profesionales, que todos tengan la posibilidad de estudiar. Sin embargo, este sector que ha quedado en un pasado al cual la mayoría del país no quiere volver, pone otra vez un palo en la rueda para crear nada más ni nada menos que una universidad.


“Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos” José de San Martín
 

*Carla Nicole Alegre Magliocco es Licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica Argentina. Analista de Presupuesto en Unidad de Ministro, del Ministerio de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires. Cursando la Maestría en Economía y Derecho de la Universidad de Buenos Aires. 

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