¿Terminó finalmente la pesadilla peronista?

El principio del siglo XXI encontró a la Argentina en el medio de una tormenta. En 2001, el país estuvo sumergido en una profunda recesión que derivó en una crisis política después de las elecciones de Octubre. Para el final del año, la Administración De La Rúa cayó y le siguieron más de una década de políticas populistas.

 

Los 90’s no se parecieron en nada a los principios de los años 2000. Después de la caída del muro de Berlín, toda América Latina, desde México hasta Argentina, experimentó la llamada “Ola Neoliberal”. En Argentina, el neoliberalismo significó una serie de reformas económicas. Por ejemplo, la privatización de monopolios estatales muy ineficientes como el de las telecomunicaciones.

 

También significo la reducción de empleados públicos, y una relativa apertura de la economía. Sin embargo, la clave fue el régimen monetario llamado “Convertibilidad”. La política implementada por el Ministro de Hacienda y Finanzas, Domingo Cavallo, casi inmediatamente frenó décadas de una larga y crónica inflación, que había evolucionado para 1989 en una hiperinflación.

 

Para el final de los 90’s, las inconsistencias del programa económico causaban problemas de balances, enormes déficits y desempleo. En 1998, la economía entro en un prologado periodo de recesión. El Presidente De La Rúa llegó al poder con una campaña conservadora-prometiendo mantener la convertibilidad y la estabilidad de precios pero también impulsar la economía y combatir la corrupción.

Al mismo tiempo, Hugo Chávez fue electo en Venezuela. El mensaje de Chávez fue diametralmente opuesto. Al poco tiempo estaría claro que el neoliberalismo estaba exhausto y sería reemplazado, en toda la región, por una nueva ola de populismo.

 

La semilla del neopopulismo en Argentina fue plantada por el Presidente Eduardo Duhalde. Una obscura figura de la Provincia de Buenos Aires, que llegó a la presidencia gracias a un proceso parlamentario sólo por dos años después de perder las elecciones con De La Rúa. Muchos afirman que tanto Duhalde como el Partido Justicialista conspiraron contra el gobierno y eventualmente provocaron su colapso.

 

La Administración Duhalde será recordada por dos decisiones. La primera, la abolición del régimen de convertibilidad. Abandonar el régimen fue uno de los eventos más traumáticos de la historia del país. La paridad con el dólar había creado un dólar económico de facto, dado que los argentinos siempre tendieron a desconfiar del peso. Los políticos sabían esto. También sabían que sería muy difícil honrar los contratos y ahorros en dólares de la gente. Por lo tanto, los peronistas debieron haber gritado “Eureka” cuando a alguien se le ocurrió el concepto de devaluación asimétrica, que en la práctica significó la destrucción de todos los contratos existentes.

 

Este procedimiento representó una enorme transferencia de riqueza. Los perdedores fueron los ahorristas, los asalariados, los que tenían créditos en dólares como hipotecas, y muchos más. Todos ellos vieron sus ingresos y ahorros liquidados por un tipo de cambio impuesto y el poder erosionador de la inflación.

 

La segunda decisión fue la implementación del impuesto a la exportación, las “retenciones”, al sector agricultor. No muchos países en la historia habían gravado a sus propios exportadores. Los que hicieron tendieron a ser las economías altamente extractivas con élites políticas corruptas e ineficientes. El Sr. Duhalde parecía estar ansioso por unirse a este patético club de los líderes del tercer mundo.

En 2003, el matrimonio Kirchner llegó al poder. Permanecieron por 3 periodos consecutivos con un total de 12 años. La política de impuestos a las exportaciones fue la piedra fundamental de su plan económico.

 

El siglo XXI fue hasta ahora, un siglo con un dólar débil y una relajada política monetaria implementada por la Reserva Federal. Esta relajación está caracterizada por un exceso de liquidez y unas extremadamente bajas tasas de interés. Las tasas de intercambio internacional han reaccionado de forma acorde, con un hundimiento del dólar respecto del euro. El oro también experimentó una suba que no había sido vista por muchas décadas. Este proceso de debilitamiento también fue acompañado por un boom en los precios de los commodities.

 

Históricamente, hubo una correlación entre los precios de los commodities y el ciclo del dólar estadounidense. Además, como parte de la literatura Austríaca afirma, un fuerte argumento puede hacerse a favor de la relación causal entre la política monetaria estadounidense y los precios de los commodities. En palabras de Steve Hanke: “La evidencia sugiere que la Reserva Federal es el mayor culpable de la historia de la inflación de los commodities”.

 

Fueron ingresos inesperados que facilitaron la implementación de la agenda populista del gobierno argentino. Es el ingrediente clave de su receta destructiva. Los Kirchner simplemente adaptaron el modelo venezolano a las condiciones locales. El gobierno de Venezuela es propietario de la compañía nacional de petróleo, PDVSA, mientras que el gobierno argentino, empezando con la administración transitoria no elegida del 2002-2003, contaba con los altos impuestos a las exportaciones de commodities.

 

El surgimiento del populismo en Argentina y Venezuela debe tomar en consideración la política monetaria de la Reserva Federal y su impacto en los precios de los commodities. Contrario a las afirmaciones de su aparato de propaganda -que se expandió a la educación pública, los medios y  los intelectuales- el principal motor que lideró el proceso sociopolítico en ambos países no es el llamado “modelo de acumulación con inclusión social” o la “revolución bolivariana”; sino el ciclo del dólar y sus repercusiones en los precios de los commodities.

 

El orden democrático regresó a la Argentina en 1983. Entre ese año y el 2015, los peronistas estuvieron en el poder 24 años de 32. Las únicas excepciones a su hegemonía son las presidencias de Alfonsín y De la Rúa. Ambos terminaron antes de lo que les correspondía.

 

La penetrante influencia populista del Peronismo tiene sus orígenes en los finales de la década de los 40. Desde ahí, el Peronismo ha tenido una influencia hegemónica sobre la vida política del país. Gabriel Zanotti cree que es precisamente el drama cultural de Argentina y los compara con la hipotética situación de Alemania si todavía tuviera un extremadamente popular Partido Nacional Socialista, y todos los otros partidos alemanes estuvieran copiando e imitando la agenda nazi.

 

El programa económico de los peronistas, y de todos los partidos populistas, descriptos por un término acuñado por Ludwig von Mises: Destruccionismo. No ha producido nada. No ha creado nada. Solo ha vivido de forma parasitaria de los recursos creados por las generaciones previas y por las condiciones internacionales favorables.

 

Pero después de siete décadas de dominación política, el populismo hegemónico parece haber mostrado signos de agotamiento. El una vez todopoderoso peronismo esta ahora reducido a una débil liga de señores feudales del norte y el cordón más pobre de la Provincia de Buenos Aires. Quizás sea que el exceso de la ex presidente Cristina Kirchner marcó el pináculo del poder peronista y el inicio de su declive.

 

Después de tantos años de mala administración populista, la decadencia económica y  la frustración son palpables. El derrotado candidato presidencial Daniel Scioli hizo su campaña prometiendo construir cloacas para la población. Pero el mismo Scioli fue gobernador de la Provincia de Buenos Aires por 8 años, y su partido estuvo en el poder entre 1987 y 2015 en esa provincia. 28 años, aparentemente, no son suficientes para que el Peronismo resolviera al menos la cuestión cloacal. 

 

El Presidente actual, Mauricio Macri, realizó su campaña ofreciendo un claro anti-populismo como alternativa. Ganó una elección que fue tan sorpresiva como el Brexit y Trump. Le fue muy bien en todos los sectores, incluyendo los excluidos.

 

La sorpresa que la elección de Macri provocó en los consultores e incluso en la comunidad de negocios puede (y debe) estar atribuida a tendencias subyacentes dentro de la sociedad argentina. Estas tendencias no están siendo total tomadas en cuenta. Podría ser que el caso de que la victoria de Macri sea una síntoma de algo mucho más profundo. Concretamente, de que los argentinos están hartos del populismo.

 

 

*Federico N. Fernández es Presidente de la Fundación Internacional Bases (Rosario, Argentina) y Senior Fellow del Austrian Economics Center (Viena, Austria). Publicado originalmente en The Conservative Magazine y traducido por República Económica.

 

 

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