El cambio cultural que Argentina necesita no lo dará Cambiemos

31 Dec 2017

La semilla que plantó Laclau en su libro "La Razón Populista", donde eleva al populismo-progresismo y lo reivindica como el único camino que tiene el Pueblo, ese ente al que todos quieren representar, de verdaderamente llegar al poder;  sumada a la crisis de los países comunistas, dio origen a un cambio de estrategia del progresismo para llegar al poder: La división constante. Los pobres contra los ricos. Las grandes multinacionales contra la gente. En definitiva, ellos o nosotros. 

 

 

Es muy curioso como a los liberales se nos acusa de ser causantes de todos los males de la región, por haber aplicado el Consenso de Washington, supuestamente el manual del liberalismo; cuando en realidad tales medidas nunca se llevaron a cabo en América Latina o las que si se llevaron a cabo, conllevaron más proteccionismo o rol del Estado. 

 

Sin embargo, podemos apreciar que el manual del progresismo populista se cumple a la perfección en toda América Latina y, particularmente en la Argentina, se ha convertido en una pandemia cultural.

 

También es sencillo de ver como, los que más veneran al progresismo o a las ideas de izquierda, son gente de clase media y alta, con una culpa de clase y una doble moral tan grande que no se entiende como pueden mirarse en el espejo o escucharse decir las barbaridades que repiten una y otra vez. Por otro lado, en las clases bajas, en muchos casos, no se escuchan discursos progresistas. Más bien todo lo contrario. No quieren que el Estado les de todo y quieren trabajar para ganárselo. Aunque claramente, hay excepciones. 

 

Esas ideas, relacionadas al Estado presente, a un Estado que todo lo abarca, no cambiaron cuando el régimen Kirchnerista cayó. Las ideas progresistas y de izquierda siguen estando y generan una presión tan grande en el Gobierno, que prefiere ignorar a los que aportamos de nuestro trabajo para que el Estado funcione, y escuchar a un grupo que no representa ni un 5% de la población total, aunque tiene el poder suficiente para generar caos social. De trabajar y generar riqueza, saben poco; pero en movilizar masas, son expertos. 

 

El Gobierno de Cambiemos no ha generado un cambio profundo de políticas. Ha hecho avances importantes innegables y ha cambiado la forma en que financiaba las políticas del Gobierno anterior; mas no se preocupa por generar un cambio cultural. Ni tiene intenciones de hacerlo, como dijo Marcos Peña. 

 

Gobierne quien gobierne, todas las élites que están debajo de esa persona que gobierna, buscan reacomodarse para conservar sus privilegios y, en muchos casos, no terminar en prisión. 

 

Además, los burócratas no tienen incentivos para cambiar la cultura de la gente. ¿A quien podrían salvar, cual Mesías, si la gente trabajara y se esforzara libremente por sí misma para lograr sus objetivos? Si el Estado es chico y la gente es libre, el político se vuelve innecesario. Esa la razón por la cual la política no ajusta al sector público, más que a algunos pequeños sectores para los titulares de los diarios. 

 

Más allá de los cambios en ciertas políticas que genere el Gobierno de Cambiemos, el cambio cultural que Argentina necesita jamás vendrá de arriba hacia abajo. Tiene que ir desde abajo hacia arriba. Desde los contribuyentes hacia los burócratas. Somos los ciudadanos los que debemos tomar conciencia de que solo con el fruto de nuestro esfuerzo podemos alcanzar nuestra felicidad. Debemos enviar un mensaje a los políticos y a sus grupos de presión. Ese mensaje debe comenzar a resonar tan fuerte, que la sola idea de gastar un peso de más los haga temblar. 

 

Un mensaje claro y estridente, que tiene ser enviado en unidad, de que queremos vivir en libertad, sin privilegios, con un Estado que nos saque el pie de encima y nos deje crecer, simplemente velando por nuestra seguridad y una Justicia independiente e imparcial. Esa debe ser nuestra tarea para el año 2018. 

 

 

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