Argentina, que el otro se haga cargo

27 Dec 2017

Desde los berrinches de una chica excedida de peso contra marcas que no producen talles compatibles con su cuerpo, hasta la reforma previsional en el Congreso, que de fondo no ha cambiado nada.

 

Desde sindicatos que “luchan por los derechos del trabajador” hasta simples consumidores que exigen ver los “precios cuidados”, aún cuando a las empresas no les sea rentable aplicarlos.


Desde jóvenes universitarios caprichosos, que asisten a universidades pagadas incluso por aquellos que no obtienen un beneficio directo de ellas, y que son habituales organizadores y participes de marchas contra, por ejemplo el aumento del boleto de colectivo; hasta “empresucios” (empresarios que tranzan con el político de turno) que bregan porque el gobierno les asegure un mercado cerrado a la competencia internacional.


Todos los casos mencionados tienen algo en común; en cada uno de ellos se intenta evadir una responsabilidad. En todos, se busca que otro se haga cargo de la realidad de alguien más.


¿Qué está buscando la chica que escribió, enojada en su Facebook, porque las marcas de ropa que le gustan no fabrican modelos de su talle?


Bueno, la única forma en que una de esas empresas podría dejarla contenta sería introduciendo en el mercado prendas para personas de talles más amplios. Es decir, que lo que está buscando la joven es que ciertas compañías incurran en la fabricación y venta de productos nuevos, para los cuales quizás no están del todo preparadas (ya que producirlos implicaría parámetros nuevos que atender), o simplemente no desean hacerlos.


Hay que dejar en claro que esto no tiene en sí nada de negativo. Es decir, nadie puede oponerse a que un consumidor opine y una empresa decida responder lanzando nuevos talles.


Pero…  ¿qué pasa cuando quienes no consiguen ropa de su medida buscan que el Estado intervenga creando, por ejemplo, una “ley de talles” como la que existe en Santa Fe y que obliga a los empresarios a trabajar con la gama completa de estos? ¿No estaría en tal caso esta joven volcando cierta carga no correspondida sobre los empresarios? ¿No debería ser ella quien se preocupe por su vestimenta y no otros? ¿No es una ley del todo fascista aquella con la cual el Estado ingresa en la propiedad privada de alguien? ¿No debería responder por sí misma y conseguir su vestimenta o una figura distinta? 


Como dije, existe un paralelismo en los casos mencionados. Los sindicalistas vuelcan entonces, la carga de la realidad sobre los empresarios. Los estudiantes de universidades públicas y los “empresucios” sobre el general de la población. Así, existe una larga lista de instituciones, organismos y personas que repiten esta tarea creando una gran maraña, donde unos se ven obligados a cargar con la realidad ajena.


Para concluir, pienso que los argentinos están sumergidos en un sistema que delega cargas y responsabilidades de forma injusta, y por esta razón es necesario intentar modificarlo. Para ello se requiere de un cambio de mentalidad, que debe gestarse individualmente.


Me refiero, a que no es posible que exista un cambio real en la medida en que, aquellos que componen el sistema, no noten lo injusto del mismo.


No hay posibilidad de cambiar si los argentinos no se responsabilizan de forma individual.

 

 

*Franco Martorell. Emprendedor y estudiante de Licenciatura en Economía en la Universidad Católica de Santa Fe. Miembro de la Asociación Civil Río Paraná.

 

 

 

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