Suba de tasas: una respuesta a los heterodoxos

22 Nov 2017

Recientemente, el Banco Central de la República Argentina tomó dos decisiones. 

 

En primer lugar, decidió aumentar nuevamente la tasa de interés de política monetaria. En segundo, decretó el fin de las líneas de crédito al 17% anual para las PYME.  


Las dos medidas, razonables en un contexto de inflación (y deseables desde el punto de vista de la eficiencia económica) generaron revuelo entre los analistas más “heterodoxos”. 

 

 

¿Por qué? A continuación lo analizamos. 
 

Básicamente, la preocupación fundamental sería el tema de la inversión y el crecimiento económico. Un analista, al enterarse las novedades, comentó: “Suba de tasas y fin de los estímulos a los créditos para inversión productiva. La lluvia de inversiones serán los reyes magos”. 
 

Esta observación solo puede venir de quien cree que las empresas no pueden desarrollarse a menos que reciban subsidios y se envilezca la moneda. 
 

En la mirada heterodoxa-keynesiana, la inflación es buena para el crecimiento, porque estimula el consumo,  eso mueve la demanda y la demanda “tira de la inversión”. El gran problema es que si el razonamiento fuese cierto, habría que pedir a gritos una hiperinflación. No obstante, nadie llega a tanto. 


Respecto de los “estímulos a la inversión productiva” el error es garrafal. Es que cuando el estado obliga a Juan a regalarle plata a Pedro (en concreto, lo que estaba haciendo el Banco Central obligando a los bancos privados a prestar al 17% anual), obviamente Pedro está "estimulado”, pero en la misma proporción en que Juan está “desestimulado”.  

 

Quejarse por el fin del estímulo a Pedro es no ver que ahora Juan es libre de utilizar sus recursos para los mejores fines, en lugar de dilapidarlos. Eso es positivo para el crecimiento económico, no negativo. 

 

Otro comentador, perturbado por los anuncios y combinándolos con la reforma tributaria, consultó: “Me pregunta empresario de qué sirve bajar un punto Ingresos Brutos si la inflación está en 23% de piso y la tasa cerca del 29%. ¿Qué debería contestar?” 

 

Lo que habría que decir en este punto es que tanto la inflación como Ingresos Brutos son impuestos. La única diferencia es que el primero no pasa por el congreso.  

 

En este sentido, bajar Ingresos Brutos o, mediante la política monetaria contractiva, bajar la inflación “sirven”, puesto que permiten que las empresas planifiquen mejor, aumenten su rentabilidad, y por tanto inviertan y aumenten su producción. 

 

Por otro lado, cabría recordar que las tasas negativas en términos reales de Marcó del Pont y Vanoli no “sirvieron” para nada. Entre 2011 y 2015, la tasa de interés de referencia fue inferior a la inflación. En ese período, la economía no solo no creció, sino que cayó en términos per cápita. Es decir, los argentinos nos hicimos más pobres. 
 
Hay cuestionamientos razonables hacia la política del Banco Central. Prestigiosos analistas se preguntan si la tasa de interés es un instrumento suficiente para controlar la inflación, si la acumulación de deuda no será peligrosa a futuro, o si los números fiscales no harán que, tarde o temprano, los esfuerzos monetarios sean en vano. 

 

Sin embargo, las críticas “por izquierda” a la política monetaria dejan mucho que desear.  
Por un lado, muestran total ignorancia sobre cómo funciona una economía de mercado. Por el otro, piden volver a lo mismo que ya fracasó en el pasado y nos convirtió en un país decadente.  

 

Iván Carrino: Analista Económico y director 

de CONTRAECONOMÍA. 

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