La insostenibilidad de las políticas redistributivas bolivianas

En el año 2009 se promulga una nueva Constitución Política del Estado boliviano – CPE, donde se reconocen como organizaciones económicas y pilares de la economía boliviana a: el sector público, el sector privado, sector cooperativo y el sector comunitario. Con ocho años de vigencia de la CPE, un contexto internacional favorecedor para países exportadores de materias primas y una estabilidad macroeconómica, es pertinente permitirnos una evaluación de las políticas públicas direccionadas a fortalecer una reconocida realidad, la pluralidad económica del país.

 

La crisis financiera internacional de los años 2007 al 2009, tuvo efectos diferenciados entre los países industrializados (EEUU, Eurozona, Japón) y las economías emergentes (BRICS y otras EMEs). Mientras que las economías de los países industrializados confrontaban problemas para retomar el crecimiento y que éste sea sostenible, los países de las economías emergentes le hicieron frente de mejor manera.

 

La crisis provocó la búsqueda de rentabilidad de los inversores, encontrando altos rendimientos esperados en la adquisición de materias primas; además, de ser atractivas para fines de diversificación de riesgos. Los grandes beneficiados, los BRICS y otras EMEs. El país emergente que respondió con mayor fuerza al aplicar una política expansiva centrada en inversiones, fue China, ocasionando un aumento de su demanda por materias primas.

 

América Latina fue favorecida con el contexto económico que se presentaba, altos precios de las materias primas y sus efectos en los términos de intercambios favorecedores; además, el panorama interno en los países mejoraba con los mayores ingresos: 1) expansión del consumo privado, 2) crecimiento de los sectores de construcción y servicios y, 3) expansión de la inversión pública.

 

A pesar de un extraordinario contexto internacional, no se lograron grandes avances en la diversificación de las economías y su fortalecimiento institucional; por lo que, el alto crecimiento de la región, se debió a shocks externos favorables más que a aumentos sostenidos de la productividad.

 

Bolivia no fue ajena a la situación de bonanza en la región; aún más, luego de implementar políticas de “nacionalización” de recursos naturales, logrando mayores ingresos fiscales  provenientes de la minería y los hidrocarburos, por altos precios internacionales; además de, una política macroeconómica prudente. Esta situación, fortaleció la visión del Estado como ente que planifica y dirige los procesos económicos (Constitución Política del Estado – CPE); por lo tanto, el Estado incrementa la inversión pública y, se convierte en empresario.

 

                                              

 

 

Este flujo de recursos disponibles para la economía permitió a la vez, disminuir la dependencia del financiamiento externo, ya que se contaba con la capacidad de costear autónomamente los incrementos de la inversión pública.

 

El dinamismo interno que se presentaba en la economía boliviana por altos ingresos y sus respectivas medidas redistributivas, generó que durante la década que comprende desde 2004 al 2014, el país crezca a una tasa anual promedio de 5%.

Adicional a lo mencionado, hubo también incrementos en el gasto público, éstos destinados a la expansión de la protección social por medio de programas de transferencias directa. Como consecuencia de este dinamismo y medidas aplicadas, la pobreza moderada y la pobreza extrema se redujeron de 60.6% a 39.3% y de 38.2% a 17.3%, respectivamente. El coeficiente de Gini de desigualdad bajó de 0.60 a 0.47, según fuentes del Banco Mundial.

 

Sin embargo, a partir del 2012 con la caída del precio del estaño, hidrocarburos y otras materias primas, se marcó el inicio del agotamiento del ciclo expansivo de la economía internacional y de los precios de las materias primas y así, el inicio de un ciclo de ralentización económica en la región. Por lo tanto, nos preguntamos, ¿los esfuerzos de Bolivia por una mejor distribución de los recursos, podrán ser sostenibles?

 

Para contestar, debemos puntualizar dos aspectos:

1) El panorama alentador de reducción de la pobreza se ha estancado durante los últimos años y en algunos casos, se ha comenzado a revertir. Para los años 2014 y 2015, la tendencia de ocho de los nueves departamentos en el país, se había revertido incrementando la pobreza extrema en el área urbana (IISEC & Jubileo, 2017).

 

2) Al analizar mediante el uso de momentos estadísticos, la estructura económica de Bolivia a lo largo del período trimestral que abarca desde 1980 al 2015, se evidencia una tendencia al mayor crecimiento de sectores como el petróleo-gas y la electricidad-agua, pero que son los que menos aportan a la composición del producto interno bruto (PIB). Por otra parte, el sector de mayor participación en la economía (manufactura), mostró menor crecimiento sectorial para el período abordado. Al mantener una visión extractivista, las políticas económicas han estado encaminadas a fortalecer sectores de servicios, de materias primas y no así, de sectores que pudiesen aportar con mayor generación de empleo, ingresos y participación en el PIB. Colanzi (2016) concluye que “no existe un cambio significativo en la economía boliviana en más de 30 años, ni mantiene una visión clara de crecimiento; eso sí, cada vez más dependiente de materias primas y no así, de una mayor productividad económica del país”.(pp.61)

 

Por lo tanto, el crecimiento económico y el dinamismo de la economía boliviana no son sostenibles, responden a los altos flujos de ingresos que fueron canalizados por medio del financiamiento de políticas redistributivas y/o transferencias hacia la sociedad; además, de comprometer los avances en política social para la reducción de la pobreza.




 

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