¿Y la política cuándo cede?

12 Nov 2017

 

Hace unos días, al convocar a un Gran Acuerdo Nacional, que uniera legisladores, sindicalistas, empresarios y políticos de todos los partidos; el Presidente, luego de enumerar las reformas que se emprenderán afirmó: “Todos debemos ceder un poco”.

 

 

 

 

Claro que, esta frase, como todas las que dice Mauricio Macri, tuvo varias interpretaciones. Aquí no nos haremos eco de ellas, pero sí se quiere destacar algo de esa frase que es la palabra “todos”. “ ‘Todos’ debemos ceder un poco”.

 

Imaginemos un mundo ideal, donde el “todos” del Presidente, incluyera sacarle el manejo de las obras sociales a los sindicatos, que son una caja infinita de recursos con los que se obtienen y se pagan favores políticos, se atienden las necesidades personales y luego si queda algo irá al afiliado; incluyera obligar a los jefes sindicales a presentar declaraciones juradas y explicar su patrimonio; o reducir las jubilaciones de privilegio a los miembros del Poder Judicial, algo que suma $8.800 millones de pesos al año; o reducir la cantidad de funcionarios con choferes, quedando solo el Presidente, el Vicepresidente y el Jefe de Gabinete con tal privilegio.

 

Sería bueno que el “todos” del Presidente incluyera al Poder Judicial, y sus empleados, así como jueces y magistrados, empezaran a pagar impuesto a las ganancias - aunque el ideal sería que no existiese tal impuesto que castigue al exitoso en pos de una “progresividad fiscal”-; o que incluyera al Poder Legislativo, donde cada diputado o senador no tuviera 30 asesores pagados por el Estado Nacional. Si elegimos a los más idóneos para esos cargos, ¿cual es la necesidad de tantos asesores? La Legislatura bonaerense, por ejemplo, cuenta más de 5 mil empleados, entre planta permanente, transitoria y contratos políticos. Por cada legislador bonaerense hay casi 38 empleados provinciales. De hecho, en el Presupuesto Nacional 2018, se contempla un presupuesto de 20 mil millones de pesos solamente para el Poder Legislativo Nacional, no incluye a las legislaturas provinciales.  

 

Que bueno sería que el “todos” del Presidente, incluyera, por ejemplo, a los empresarios y que, entonces, se abriera el comercio, lo que los obligaría a tener que dejar de vivir cazando dentro del zoológico y competir en serio con empresas de todo el mundo; o a monopolios como el de los taxistas y dejar que empresas como Uber, que es una gran fuente de trabajo, puedan instalarse legalmente en vez de operar en la clandestinidad; o terminar con un caso único en el mundo como son las “low cost con precios altos”, ya que como se tiene una “Aerolínea de Bandera”, no se puede dejar que otras empresas competidoras, más eficientes, pongan precios más bajos que beneficien al consumidor.

 

 

 

Siempre se habló en términos de imaginación, porque, claro está, nunca pasaremos de ese estadío. La Corporación Política, no va a achicarse a si misma; ni va a plantear una reducción de privilegios del Poder Judicial, porque es este mismo quien, en última instancia, fallará sobre el caso; ni el Poder Legislativo va a reducir su cantidad de asesores, o bajarse los sueldos, porque ellos mismos son los que fijan esos presupuestos. La Corporación Política no va a tocar a la Corporación Empresaria (entendiéndose a ésta como al grupo de empresarios que vive de los favores del Estado) ni a la Corporación Sindical, en pos de la “paz social”.  

 

Se estima que hay 8 millones del sector privado, que cargan sobre sus hombros a 20 millones que sobreviven gracias al Estado. En términos simples, la política no cede. Ni va a ceder. Aunque el Presidente haga esfuerzos por reducir un poco la burocracia y aumentar un poco la competencia, lucha con fuerzas que datan los comienzos mismos de la Nación Argentina. Sin embargo, lucha hasta donde puede, o quiere, luchar porque tampoco existe una sociedad que se lo demande. Son muy pocos los que asocian que tener Fútbol Para Todos, 3.6 millones de empleados públicos, 23 ministerios o, en definitiva, un “Estado presente”, implica impuestos más altos y menos libertad presentes.

 

No se puede mejorar “lo público” arruinando “lo privado”. Esa debería ser la ley fundamental antes de evaluar cualquier reforma que quiera hacerse.

 

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