¿Maduramos? Los argentinos no votamos con el bolsillo

10 Nov 2017


Este análisis se desprende de un estudio sociológico, realizado por la Consultora Sigma. En este informe, la consultora pretende resolver el interrogante de si, efectivamente, los argentinos votamos motivados por la situación económica.

 

Esta es casi una norma repetida por infinidad de analistas políticos y que se “instalo en el sentido común de los ciudadanos”, según afirma Sigma. La lógica es simple: Se piensa que si el ciudadano percibe que su situación económica es buena, votará al oficialismo para convalidar el rumbo de la política. Por el contrario, si su economía está atravesando problemas, votará en contra del oficialismo o en favor de algún opositor que prometa un cambio de las políticas imperantes.
 

Lo que buscaba el equipo de la Consultora Sigma era analizar si esta afirmación era o no aplicable a la realidad. Entonces, se procedió a contrastar algunas de las principales problemáticas en el Gran Buenos Aires, desde el 2015 hasta el 2017 para comparar la evolución del voto por espacio político entre las últimas elecciones presidenciales y las que ocurrieron en el presente año. Se analizaron datos del INDEC sobre tasas de empleo, desocupación, subocupación e inflación para los años mencionados y los resultados finales de las elecciones.
 
La primer problemática a tratar, fue la de la inflación. La consultora muestra que en 2015, previo a las elecciones presidenciales, la tasa de inflación acumulada en el año alcanzaba 11,9 puntos. “En un año electoral, la discusión sobre la problemática inflacionaria fue un punto clave en el debate político y mediático”, afirmó el equipo de Sigma. Para el 2017, la inflación continuó siendo un tema de discusión ya que no se pudo solucionar como se prometió en el debate presidencial. Es así que para el septiembre del 2017, previo a las elecciones, la inflación acumulada del año fue de 17,6 para todo el país y de 18 puntos para el Gran Buenos Aires.
 
En segundo lugar, se midieron la tasa de actividad. Para el segundo trimestre del 2015 la tasa de actividad previa a las elecciones era de 44,5. En el caso de Gran Buenos Aires, estos números se profundizan ya que la actividad era de 44 puntos. En cambio para segundo trimestre del 2017, si bien la actividad creció poco menos de un punto (0,9).
 
Finalmente, se analizó el desempleo. En 2015  la desocupación y la subocupación (ocupados que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias) se encontraba en 6,6 y 9 puntos respectivamente. En el caso de Gran Buenos Aires, la desocupación era de 7,9 y la subocupación de 10,9. En cambio para segundo trimestre del 2017 la desocupación aumentó 0,8 puntos y se ubicó en 8,7 mientras que la subocupación estuvo en 11 puntos lo que significa un aumento de dos puntos. Para el caso del Gran Buenos Aires los números indican un aumento de los indicadores negativos como la desocupación y la subocupación que aumentaron 3 y 2,7 puntos respectivamente.
 
Vemos que todos estos indicadores no han evolucionado favorablemente con respecto al 2015. Entonces, sería sensato suponer, dada la afirmación inicial de que “las condiciones económicas condicionan el voto”, o dicho popularmente, que “votamos con el bolsillo”, la base electoral de Cambiemos debería ser menor ya que estos indicadores negativos favorecerían un voto opositor.

 

Sin embargo, la evolución del caudal de votos de Cambiemos en el país mejoró respecto a las elecciones del 2015. Si consideramos una de las áreas más afectadas como el Gran Buenos Aires podemos señalar que “en promedio, el Frente Cambiemos logró 7,85 puntos más. Algunos con variaciones muy grandes como San Miguel con una suba de 14,02 puntos y Tigre 10,29 puntos”, revelan desde la consultora.
 
“Esto desmiente la idea del voto económico”, afirman, ya que es indudable que una gran parte de los votantes “se encontraban en una situación difícil a la hora de votar pero igualmente optaron por apoyar al gobierno”. Estiman que podría tener relación con el hecho de que “las expectativas futuras sean positivas” explicaría este fenómeno. “Por otro lado siempre existe un componente emocional, no racional, en el voto que también puede inclinar la balanza hacia uno u otro lado”, aclaran.

 

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