La mejor política de Estado: el NO a la corrupción

1 Nov 2017

Ojo por ojo y el mundo quedará ciego. ¿Qué sería de nuestro país si cada uno hiciera lo que considera más justo según su criterio? Cuando hay ausencia del Estado, cuando los funcionarios no están presentes; hay una sociedad que se siente desanimada, abandonada y, por lo tanto, recurre a tomar las riendas que soltó la política.

Fueron tantos los años de impunidad, de silencio, de no hacerse cargo de lo que estaba pasando, que el desafuero de De Vido lo festejaron como una victoria todos los argentinos. Al caer De Vido, comenzó a caer el sistema de corrupción K, el más perverso entramado político de la de una de las épocas más corruptas de nuestra historia.

Éramos muchos a los que nos fastidiaba el hecho de ver a la ex Presidenta paseándose por Nueva York con sus perlas Dior, sus zapatos Jimmy Choo o sus carteras Chanel. Las 418 propiedades de Lázaro Baez o sus 937 vehículos y maquinarias. Ejemplos sobran pero no sigo nombrando porque es para ponerse a llorar, pero no debemos olvidar.

Pero la corrupción es mucho más profunda, más dolorosa que eso; es cada calle que quedó sin asfaltar, cada dolor de panza en los niños porque no tienen agua potable, cada puente, ruta, camino, escuela y hospital que no se hizo.

No nos queremos conformar con el famoso “roban pero hacen”, necesitamos saber que nuestro voto y nuestra voz valen, que hay un equipo político que acompaña. Parte de la sociedad se despertó. Lo mismo pasa con la justicia, están declarando, y en muchos casos con procesamiento: Boudou, De Vido, Capitanich, Aníbal Fernández, Abal Medina y renunció Gils Carbó. Creanme, como diría un amigo kirchnerista, no fue magia.

El Gobierno logró ahorrar unos US$ 2200 millones en la construcción de obra pública al cortar los sobreprecios que predominaban en el gobierno kirchnerista. Miles de millones que volvieron a su lugar habitual, a las obras para la gente. Volvió al centro de monitoreo de Quilmes, al nuevo metrobus en la Matanza y Tres de Febrero, a las obras en la Cuenca del Salado que evitan las inundaciones.

La corrupción es algo cultural arraigado en nuestra sociedad y que ensucia todos los sectores y colores. Los actos de corrupción se construyen y perduran con el silencio de muchos. Son nuestros valores, ideales y convicciones los que nos van a sacar adelante como sociedad, los que nos permitirán construir puentes fuertes y sólidos con el futuro. Es probable que me tilden de idealista, pero necesitamos que sea una política de Estado la NO CORRUPCIÓN.

 

 

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