La amenaza hegemónica

26 Oct 2017

El aplastante triunfo en las urnas de los candidatos de Mauricio Macri, Elisa Carrió y María Eugenia Vidal, por ser los referentes del espacio, dieron  lugar a una euforia generalizada entre los socialdemócratas que los apoyan y en gran parte de la pequeña y complicada comunidad liberal.

Mientras el Presidente, algunos de sus ministros y demás funcionarios bailaban al son de ritmos populares, reinaba el oscurantismo en el ya liquidado espacio kirchnerista, que sin duda fue usado por el oficialismo como trampolín para ganar la elección.

Detrás de la fiesta, pocos percibieron que el déficit fiscal sigue aumentando, la inflación sufre ciclos espasmódicos de ascensos y descensos, el gasto público no para de subir y la policía fiscal oprime cada vez más, a quienes generan riqueza, para distribuirla en un ciclo populista, que lejos de acabarse, se ha mantenido intacto.

Nuevamente la clase política nos ha engañado, cambiando altanería por sonrisas, imposiciones por diálogo correspondido por palmadas en la espalda. En este engaño ha caído gran parte de la minoría liberal, inundando las redes sociales con mensajes voluntaristas donde los idiotas de siempre, nos dirán que tengamos paciencia, que aumentemos el poder político del gobierno y que continuemos apoyando el cambio.

Pocos ven que el circo continuará en un ciclo interminable de afán de poder de los gobernantes de turno que intentarán imponernos otra hegemonía, en este caso caucásica, pero siempre populista.

El espectáculo dantesco continuará con algunos kirchneristas privados de su libertad en forma transitoria, hasta que la corporación política los necesite nuevamente para consolidar poder. El rebaño creerá que la lentitud de la justicia, cómplice de la política, es una especie de predestinación imposible de cambiar y finalmente olvidará al enemigo reemplazándolo por nuevas amenazas, por nuevas conspiraciones creadas desde el gobierno de turno.

Un nuevo ciclo de hegemonía ha comenzado a asomarse en la República, los nuevos líderes mesiánicos prometerán pobreza cero, redistribución, crecimiento, equidad y diálogo creando un nuevo aspiracional social que terminará auto convenciendo a la mayoría, de que tenebrosas fuerzas impiden la creación de un estado que contenga y cure a todos de nuestras dolencias.

En este nuevo modelo hegemónico el dialogo superficial opacará cualquier crítica, por considerarla no constructiva, en un ámbito donde los sacerdotes del couching y el trabajo en equipo serán las herramientas para anular cualquier intento de recuperar lo individual sobre lo colectivo.

La decadencia argentina no ha parado, ni parará, como un virus complejo, ha mutado, desde un contenedor burdo y ordinario, como lo fue el kirchnerismo, a una copa de cristal filosa y delicada pero igualmente dañina.

Esta mutación es más peligrosa que la anterior, puesto que quienes nos gobiernan ya no están en la vereda de enfrente, no son ajenos a nuestros círculos sociales, son nuestros vecinos, nuestros amigos, son las personas con las que interactuamos en el club, en el trabajo, en el colegio, en la universidad, en el country y que se han transformado en demandantes de regulación y en sacerdotes de las virtudes colectivas, enterrando al individuo, su libertad y su criterio.

En contraste con esto, todavía existe una argentina silenciosa compuesta por individuos no coordinados, que aún aturdidos por la propaganda política no han digerido que quienes nos gobiernan, solo quieren más poder, más impuestos y mas violaciones a la libertad individual.

Es hora de levantar la voz, de no esperar nada de un gobierno que sólo quiere consolidarse en el poder, es la hora del individuo, de reclamar por nuestro esfuerzo, de presionar para que los impuestos no nos ahoguen, de que podamos disponer de nuestros bienes y nuestra conciencia sin que un funcionario nos imponga su código moral colectivo.

Sólo el poder del individuo en ejercicio de su libertad podrá torcer el rumbo decadente de los últimos noventa años. Si no nos oponemos contra la nueva hegemonía que está naciendo, el camino a Venezuela estará a la vista y habremos sido conducidos bajo el ala de un capitán bien intencionado, pero hegemónico.

 

*Mariano es Máster en Economía. Director de Admisiones de Grado y Secretario Académico del Departamento de Dirección de Empresas de la Universidad del CEMA.

 

 

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