“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral”. Esta frase fue acuñada por el gran poeta del siglo XIII, Dante Alighieri, en su obra Divina Comedia. Con estas líneas arranca el primer editorial de un diario que se lanza en una época de crisis moral sin precedentes.

Vivimos en un tiempo donde políticos, empresarios, medios y sindicalistas beben de la misma fuente. Lo hacen sin restricción y sin control. Y si cada tanto aparece un loco (porque cada tanto aparece alguno) que se le ocurre denunciar algo, simplemente lo invitan a beber de la fuente y se acabó el problema. Existen infinidad de ejemplos. Mas esa fuente es el Estado, y esa agua que beben no es propia, es de los contribuyentes. El Estado no genera dinero. No existe tal cosa como “teta del Estado”. En todo caso, el Estado tiene una mamadera llena de leche que extrajo de algún pobre ciudadano. (Llama la atención como la traducción literal del término taxpayer es “pagador de impuestos”, literalmente, cuando aquí le llamas contribuyentes. Como si fuera algo voluntario el hecho de contribuir).

¿Será por esto que cuando se mencionó la idea de hacer un diario que asumiera una ideología la mitad de la mesa presente tembló? No estamos inventando nada nuevo. Estados Unidos tiene diarios que se definen ideológicamente e incluso apoyan candidatos. Arizona Republic, por ejemplo, históricamente apoyó al Partido Republicano a pesar de que en la última elección llamó a sus votantes a que votaran por Hillary Clinton. Sin mencionar a Fox News, otro medio republicano de larga data. Los demócratas también tienen sus medios, como CNN o el Washington Post. En Inglaterra, The Guardian es un conocido diario con editoriales a favor del Partido Laborista, que representa a la izquierda y el progresismo inglés.

Sin embargo, aquí no se están discutiendo partidos. Ni mucho menos se está hablando de defenderlos. Se están discutiendo ideas, posiciones. Discutimos la “no neutralidad”, en términos de Alighieri, de la prensa. Todos saben la posición ideología de todos los diarios grandes del país, aunque no la digan. ¿Tan alto es el precio de asumirla? República Económica no viene a apoyar partidos, viene a apoyar una idea. Una idea tan fuerte que fue la base de los países más prósperos del mundo. Tan fuerte puede ser, que muchos la consideran peligrosa y han tratado a lo largo de la historia, y todavía tratan, de reducirla, cercenarla o desaparecerla. República Económica, a través de este espacio editorial, viene a defender las ideas de la libertad. Libertad en el sentido más amplio de la palabra. Política, religiosa, civil, económica y, sobretodo, la libertad individual; ya que, en palabras de Ayn Rand: La minoría más pequeña en la tierra es el individuo. Los que niegan los derechos individuales no pueden pretender ser defensores de las minorías.

Transitamos una época donde el populismo ha hecho culto del llamado “Pueblo”. El Pueblo es todo aquel que piensa como ellos. Cristina Kirchner ganó con el 54% de los votos en 2011 y en 2014 tenía índices de popularidad que eran la mitad de ese número. No obstante, ella y su partido seguían representando al Pueblo. El término no tiene nada que ver con la mayoría que los depositó en el poder, sino con una división social e ideológica del bien y el mal. En la concepción populista, todos los que apoyan sus ideas están apoyando al “Pueblo”. El resto es vende patria. Bajo ese escudo de mayorías se puede implantar cualquier cosa. Desde una reforma judicial que termine con la independencia de poderes, como fue la  llamada “Democratización de la Justicia”, o una policía fiscal que controle cuentas de redes sociales, como en Argentina; hasta inventar un nuevo poder, que controle, aunque a su vez sea controlado por el resto de los poderes, como es el caso de la Asamblea Constituyente en la dictadura Venezolana.

En estos tiempos ya no importan la racionalidad, ni los ejemplos históricos de otros países, ni siquiera el sentido común. Todo vale si se hace en nombre de una causa “social”. Términos como “redistribución de riquezas” y “Justicia Social” son compartidos como algo natural por muchos sectores de la sociedad. Forman parte del mainstream. Hay que combatir con pragmatismo, racionalidad, conocimiento y, sobretodo, sentido común, estas concepciones que no nos permiten crecer como Nación. El periodismo no está para complacer al mainstream. Está para inmiscuirse y molestar.

No obstante de lo mencionado anteriormente, defender las ideas de la libertad no significa acallar las voces que piensan distinto. La libertad no se defiende con censura de discurso, sino con más discurso, con debate de ideas. Esa es la madre de todas las batallas: La batalla de las ideas. Con esta idea como insignia, este diario no censurará a ninguna persona, así como tampoco se falsearán o tergiversarán noticias, para que se siga puntillosamente la línea editorial expresada desde este espacio. Creemos que no hay camino hacia la libertad, sino que la libertad es el camino. Hoy, nosotros empezamos a recorrerlo. Hacelo con nosotros. Somos la diferencia entre decir las noticias y saber de noticias. 

Lo que es impagable es el déficit fiscal, no la deuda pública

November 13, 2019

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