Anuncio oficial: mucho ruido, algo de nueces

4 Sep 2018

Hablaron Macri y Dujovne entre mucho ruido y algo de nueces. Durante el fin de semana se había gestado lo que parecía un atisbo de esperanza. Efectivamente el atisbo fue menor al esperado por la mayoría de los economistas que entendemos que el verdadero problema se encuentra en las cuentas fiscales. Sin embargo, “De todos es errar; sólo del necio perseverar en el error”, así que después de mucho tiempo el Presidente nos demostró que no es un necio y que sabe escuchar a los expertos. Es fundamental recalcar el anuncio del recorte de ministerios de 21 a 11. Obviamente, es un recorte más simbólico que cabal ya que sólo se cambian de lugar las fichas, pero el hecho de que haya expuesto el achicamiento del Estado como un camino a seguir habla de un gobierno que sabe lo que está pasando.

Además, reconoció que la Argentina había adoptado las políticas “gradualistas” porque se había basado en la esperanza de que las condiciones exógenas se mantendrían constantes. Cuando se dio vuelta la cara de la moneda se desnudó la débil estructura económica que posee nuestro país. No está demás volver a recalcar que el problema que tengamos una economía tan vulnerable a los vaivenes externos es que durante muchos años se priorizó regalarle el crecimiento del país a las necesidades de financiamiento de la tribu política. Hasta ahora observamos una secuencia histórica de emisión, deuda e impuestos para sostener un Estado enorme y completamente ineficiente.

 

Dichoso aquel que reconoce sus errores, los anuncios de hoy giraron en torno a la necesidad de déficit fiscal primario cero. Dujovne expuso una especie de mea culpa y propuso una serie de objetivos para cumplir dicha meta. Para llegar al 0,0% de déficit se reducirá la partida de inversiones en 0,7% del PBI, se reducirán los subsidios económicos en un 0,5% del PBI, los gastos operativos bajarán en 0,2% del PBI y los gastos corrientes también se contraerán en un 0,2%.

 

La otra pata de este achicamiento del déficit vendrá de un incremento de las retenciones al sector que más problemas tuvo en los últimos meses, el campo nuevamente. Si el ceviche no lleva camarones, no es ceviche. Si el Estado no ahoga más al sector privado, no es Estado. El campo deberá regalarle 1,1% del PBI al Estado para cubrir el gasto que generó este. Las retenciones se incrementaron en $4 por cada dólar de venta al exterior para productos primarios y $3 por cada dólar para el resto de los productos. Para este caso recurrieron a una práctica que sobretodo desincentiva las inversiones en el sector y desalienta fundamentalmente al pequeño y al mediano productor que desea progresar observando hacia afuera.

 

Además, los productores agropecuarios podrían reaccionar frente a este impuesto tan injusto. Es probable que muchos de ellos retengan sus ventas de trigo y siembren menos maíz en lo que queda de este año y el que venga. Lejos quedó el granero del mundo y las promesas de campaña de 2015 de eliminar las retenciones al campo. Luego de un ciclo de sequía e inundaciones cuando el campo parecía que iba a respirar un poco más lo ahogan con impuestos. Nada nuevo bajo el sol de septiembre.

 

Por otra parte, las retenciones sólo se aplican para 2019, es decir, en 2021 se supone que estas retenciones desaparecerán del mapa y ahí tenes otra cuestión; si en 2021 se sabe que las retenciones dejarán de tener vigencia no habrá incentivo de sembrar para 2020. El hecho de que sea transitorio puede llegar a abrir un canal especulativo con productores preocupados más por sacar la máxima ganancia de un Estado que absorbe todo, que por invertir en el sector.

 

Luego de esta conferencia de prensa tanto de Macri como de Dujovne existe una pequeña luz de esperanza de que el Estado lleve a cabo las reformas necesarias para que los argentinos se perfilen en vivir dentro de un país con vistas de un crecimiento sostenido en el tiempo. Claramente, la reducción del tamaño del Estado debe estar acompañada por una reforma educativa, impositiva y del sistema previsional con amortiguadores del impacto social que permita la transición ordenada de los empleados del sector público al sector privado. El análisis, las propuestas y la voluntad se encuentran ya en su sitio lo que falta es el empujón de carrera.

 

*Natalia Motyl es Economista y analista económica de la Fundación Libertad y Progreso.  

 

 

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