La peores hiperinflaciones de la historia

8 Feb 2018

 

Números más, números menos, todos estos son titulares que pueden leerse en cualquier diario, especializado o no, de la Argentina actual.

 

La idea que uno se arma luego de pasar revista por ellos es bastante concreta: ¡todo sube!

 

Efectivamente, así es. Desde hace muchos años que los precios suben de manera permanente.

 

Según un relevamiento del diario Infobae, desde 2003, el asado de novillo aumentó 1.827%, las galletitas “Bagley” treparon 1.341%, el litro de agua se disparó un 1.032% y el pan lactal voló un 1.937%.

 

Detrás de estos incrementos no se encuentra otra cosa que la inflación, que para la mayoría de los economistas se define como el proceso de aumento generalizado de los precios.

En este sentido, si mañana aumentara la carne pero todo lo demás permaneciera constante, no deberíamos hablar de inflación. Sin embargo, si junto con la carne se eleva el precio del pan, la leche, la nafta y el corte de pelo, entonces estamos viviendo un proceso inflacionario.

 

Ahora bien, definir de esta forma a la inflación es un tanto problemático. Es que al enfocarnos en los precios, estamos poniendo el énfasis en la consecuencia más que en la causa.

 

En definitiva, lo que nos interesa es saber por qué están subiendo esos precios. En este marco, cobra interés una segunda y mejor definición de la inflación: la pérdida sistemática del poder de compra de la moneda.

 

Así, uno debe preguntarse ¿por qué pierde poder de compra nuestra moneda?

 

Oferta y Demanda


La respuesta debe encontrarse en un simple análisis de oferta y demanda.

 

En economía se sabe que, si todo lo demás permanece igual, pero se incrementa la oferta de determinado producto, entonces su precio cae. Esto se puede ver en el supermercado con las frutas de estación. Cuando llega el verano, por ejemplo, la sandía abunda y su precio baja, mientras que en invierno sucede lo contrario.

 

Con el dinero pasa lo mismo. Cuando la cantidad de billetes en circulación es abundante, entonces su precio tenderá a caer, y una caída en el precio del dinero no es otra cosa que una caída del poder de compra del mismo. Por ello, como decía el premio nobel de economía Milton Friedman, la inflación es un fenómeno monetario, ya que depende de la cantidad de moneda que haya dando vueltas en la economía.

 

Si crece mucho esa cantidad, entonces su poder de compra caerá y los precios subirán. Si la cantidad de dinero se mantiene constante, o en línea con su demanda, entonces el poder adquisitivo del dinero se mantendrá en el tiempo.

 

Lo que pasó en Argentina en los últimos años no es más que una aplicación práctica de este sencillo concepto teórico.

 

Si consideramos cómo fue evolucionando la base monetaria en los últimos años (es decir, los pesos que emite el Banco Central, única entidad autorizada por ley a emitir el dinero de curso legal del país), vemos que la misma pasó de $ 45.400 millones en el año 2003 a nada menos que $ 622.200 millones en 2015. El incremento total es de 1271%, es decir que la cantidad de pesos en circulación se multiplicó por casi 14 en los últimos 12 años. Así, el promedio anual de crecimiento ascendió a 24,4%. Es decir, cada año había un 24,4% más de pesos en circulación, una cifra extraordinaria si se la compara con el incremento en otros países durante el mismo período.

 

Naturalmente, semejante crecimiento de la oferta de moneda terminó generando una caída en su valor o poder de compra. La contracara de este proceso fue un sideral incremento de los precios, que durante todo el período crecieron un 972%.

 

El gráfico que sigue nos da una idea de la magnitud de la destrucción de la moneda que tuvo lugar durante los últimos doce años. Entre diciembre de 2003 y diciembre de 2015 el poder adquisitivo del peso se desmoronó un 90,3%.

 

Poniéndolo en perspectiva, si con un peso en diciembre de 2003 uno podía comprarse 10 caramelos, en diciembre de 2015 ese mismo dinero no le alcanzó ni siquiera para uno.

 

Teorías para explicar la inflación hay de las más disparatadas. Algunos intelectuales argentinos han llegado a decir que los precios suben porque, como la gente está feliz, incrementa el consumo y eso presiona los precios al alza.

 

Obviamente, a la luz de los datos, la observación es errónea. Aún cuando hubiera más consumo, sin un incremento de la oferta monetaria, el dinero destinado al consumo debería salir de algún otro lado. Así, si por ejemplo, el mayor consumo se financiara con una menor inversión, subirían los precios de los bienes consumo pero caerían los precios de los bienes de capital, lo que finalmente no generaría un incremento del nivel general de precios.

 

Las peores inflaciones de la historia


Ahora como decíamos en el inicio del capítulo, los problemas de inflación no son patrimonio exclusivo de los últimos gobiernos, ni tampoco patrimonio exclusivo del país. A lo largo de la historia se han verificado procesos inflacionarios en muchos y muy diversos países, desde Bolivia hasta Alemania.

 

En una compilación de datos elaborada por los economistas Steven Hanke y Nicholas Krus, puede apreciarse cuáles fueron los procesos de inflación más aguda en el mundo. En todos estos casos, por la magnitud del fenómeno, se deja de hablar de inflación y comienza a hablarse de hiperinflación.

 

En el gráfico de más abajo recorté los 10 más representativos y, a la vez, más bestiales.

 

En Hungría, a finales de la Segunda Guerra Mundial, la inflación fue tan alta que tomaba 15 horas para que los precios se dupliquen. Algo similar, pero más acá en el tiempo, sucedió en Zimbabue, donde la inflación llegó a tocar un máximo de 98,0% por día. Una verdadera locura.

 

La hiperinflación de 1989 en Argentina está lejos en la tabla, ya que los precios “solamente” subieron 197% por mes durante ese período.

 

 

Ahora bien, aún cuando la inflación aparezca en diferentes lugares del planeta, lo cierto es que sus costos son siempre los mismos.

 

A continuación, veremos al menos 4 problemas que la desvalorización de la moneda genera.

 

1)    Reduce los ingresos: si los precios suben pero nuestros ingresos no lo hacen al mismo ritmo, todos los meses podemos ganar más pesos, pero esos pesos cada vez comprarán menos bienes. Así, la inflación nos va volviendo más pobres.

 

2)    Castiga el ahorro: supongamos que se emiten nuevos $ 100.000 para financiar algún gasto del gobierno. En primera instancia, el gobierno puede usar esos nuevos pesos para comprar en la economía con los precios vigentes. Sin embargo, esta nueva cantidad de pesos presiona al alza los precios, que comenzarán a subir. Si en el mismo momento uno tenía dinero ahorrado en una caja de ahorro, cuando quiera comprar lo hará con los precios nuevos, que ya han aumentado producto de la emisión.

 

Así, cuando hay inflación se castiga a los que ahorran, que tienen que empezar a buscar alternativas para preservar el poder de compra de lo que pueden guardar mes a mes.

 

3)    Distorsiona la producción: como los nuevos pesos emitidos ingresan por determinados lugares específicos en la economía, algunos sectores se ven más estimulados que otros. Así, los empresarios comienzan a volcarse a esos sectores cuando, en realidad, no hay una verdadera demanda de mayor producción de ese sector. Es por esto que se dice que la inflación genera malas inversiones, porque cuando se termina, esos sectores sobreestimulados tienen que ajustarse a la verdadera situación.

 

4)    Recesión: la inflación, especialmente cuando es alta, termina generando recesión. Esto sucede porque, llegado un punto, los incentivos a invertir desaparecen. La inflación por sí misma genera mucha incertidumbre hacia el futuro y, además, refleja la irresponsabilidad del gobierno en materia fiscal, algo que los inversores del mundo prefieren evitar. Por último, si la inflación es muy alta, llega un punto en que todos los agentes huyen de la moneda, se refugian en el dólar y dejan de consumir e invertir hasta que el sistema monetario vigente colapsa.

 

La presente nota es un extracto de mi libro Estrangulados: Cómo el Estado Asfixia tu Economía, que puedes conseguir aquí.

 

*Iván Carrino es Director de Iván Carrino & Asociados y CONTRAECONOMÍA, una empresa de análisis e investigación económica y financiera. Originalmente publicada en  Ivancarrino.com 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

1/9
Please reload

Please reload

Please reload

IG-spo-rep.jpg

republicaeconomica.com © 2017 Republica Economica